El secreto oculto de los Kennedy


Martes 23 de junio de 2026
A los 23 años, Rosemary Kennedy podía caminar, conversar, bailar y participar en las actividades de una de las familias más conocidas de Estados Unidos.
Después de una operación autorizada por su padre, perdió gran parte de esas capacidades para siempre.
Rose Marie Kennedy nació el 13 de septiembre de 1918. Era la tercera hija de Joseph y Rose Kennedy, y hermana menor de John F. Kennedy, quien décadas después llegaría a la presidencia de Estados Unidos.
Desde pequeña presentó dificultades de aprendizaje y avanzó más lentamente que sus hermanos al hablar, caminar y estudiar. Aun así, participaba en reuniones familiares, asistía a bailes, practicaba deportes y escribía en un diario sobre las personas que conocía y los lugares que visitaba.
Cuando Joseph Kennedy fue nombrado embajador en el Reino Unido, Rosemary se trasladó con parte de su familia a Londres.
En 1938 fue presentada ante el rey Jorge VI y la reina Isabel durante una ceremonia en el Palacio de Buckingham.
Las fotografías de aquellos años muestran a una joven sonriente, elegante y plenamente integrada en la vida pública de los Kennedy.
Sin embargo, al regresar a Estados Unidos en 1940, su comportamiento comenzó a preocupar a la familia. Experimentaba cambios de ánimo, episodios de irritabilidad y momentos en los que podía resultar difícil controlarla.
En aquella época, la medicina ofrecía pocas respuestas para las personas con discapacidades intelectuales o problemas de salud mental.
Una nueva cirugía cerebral era presentada por algunos médicos como un tratamiento capaz de reducir la agitación y modificar la conducta. Se llamaba lobotomía.
En 1941, Joseph Kennedy autorizó que Rosemary fuera sometida al procedimiento. Su esposa no fue consultada antes de la operación.
Los médicos Walter Freeman y James Watts intervinieron su cerebro cortando conexiones de los lóbulos frontales mientras evaluaban sus respuestas. El resultado fue devastador.
Rosemary perdió la capacidad de hablar con claridad, caminar con normalidad y realizar por sí misma muchas actividades cotidianas. Necesitó aprender nuevamente acciones básicas y quedó dependiente de cuidados permanentes.
La operación no mejoró su vida. La transformó de manera irreversible.
Durante varios años permaneció internada lejos de su familia. En 1949 fue trasladada a St. Coletta, una institución de Wisconsin donde vivió durante el resto de su vida en una residencia construida especialmente para ella.
Su historia permaneció oculta durante décadas.
Con el tiempo, sus hermanos recuperaron el contacto con ella. Eunice Kennedy Shriver, quien había sido especialmente cercana a Rosemary, dedicó gran parte de su vida a defender la inclusión y las oportunidades para las personas con discapacidad intelectual.
En 1962, Eunice organizó un campamento deportivo en su propia casa. Aquella iniciativa contribuyó al nacimiento de Special Olympics, cuyos primeros juegos internacionales se celebraron en 1968.
Rosemary no fue la única razón de aquel movimiento, pero su vida dejó una huella profunda en la familia y en la lucha por cambiar la manera en que la sociedad trataba a las personas con discapacidad.
Murió el 7 de enero de 2005, a los 86 años, acompañada por varios de sus hermanos. Durante mucho tiempo fue recordada únicamente como el secreto oculto de los Kennedy.
Pero su historia representa algo más doloroso: una mujer cuya personalidad fue tratada como un problema que debía eliminarse, en una época en la que la reputación familiar y la autoridad médica podían imponerse sobre su dignidad y su futuro.

