Nadie puede ser padre y madre a la vez


Miércoles 17 de junio de 2026
Ya se viene el día de: «Felicidades a mí, porque soy padre y madre a la vez».
Ya casi llega el Día del Padre y las redes se van a inundar con esta frase. Suena heroico, ¿verdad? Suena a superación.
Pero la realidad psicológica detrás de ese discurso es mucho más oscura: es el reflejo de un egoísmo que prefiere borrar a un padre antes que sanar un resentimiento de pareja.
Vamos a hablar con la verdad: Nadie puede ser padre y madre a la vez. Son roles psicológicos y afectivos distintos.
Cuando una madre intenta anular la figura paterna —ya sea bloqueando la convivencia, sembrando odio en la mente de los niños o inventando discursos de autosuficiencia absoluta— no está protegiendo a sus hijos. Los está mutilando emocionalmente.
El derecho de un hijo a tener a su padre no es una concesión que la madre otorga según su estado de ánimo o su nivel de despecho.
Gritarle al mundo «yo soy papá y mamá» no te hace una superhéroe; expone públicamente cómo usas la maternidad como un escudo para justificar la exclusión y la alienación parental.
Los hijos no son trofeos de guerra, ni extensiones de las frustraciones de los adultos.
Si un padre quiere estar, criar y amar, y tú le cierras la puerta para colgarte una medalla que no te corresponde, el tiempo te va a pasar la factura.
Porque los niños crecen, abren los ojos y, tarde o temprano, descubren quién los alejó de la mitad de su identidad.
Menos aplausos falsos por hacer doble rol y más madurez para entender que un hijo feliz necesita a ambos. Aunque duela el orgullo

