Historia

No hay motivo para llorar


Spread the love

Lunes 8 de Junio de 2026

Por Ramiro Arredondo-Hernández

La persecución religiosa arrecia con Calles; Obregón se arregla con el clero porque esta imagen de Méjico era dudosa. La prensa no publica nada.

Obregón cuenta con esos obispos Ruiz y Díaz. Al gobierno urge acabar esa cristiada que se recrudecerá con Gorostieta. Reuniones en San Antonio Tejas fallan, Mora que no se deja engañar por Obregón.

Obregón pide al papa reprobar a la cristiada. Pío XI rechazará al que corrió de Méjico a su delegado apostólico, Filippi.

A Calles y Obregón esa guerra es peligrosa. Monseñor Díaz va a Roma a gestionar paz, el Vaticano niega oírlo. Comecuras buscarían vengarse del papa, por el desaire, Obregón se alista contento para regresar a esta presidencia.

Obregón va a la presidencia y Calles lo releva. Los católicos resultan gobernados 12 años por comecuras, extremistas arman el tiranicidio de Obregón enemigo del clero. La ACJM lo matará, su jefe era Segura Vilchis, un ingeniero de la Compañía de Luz y Fuerza, ese mismo que defendiera un Centro de Estudiantes Católicos en aquel año de 1922.

Intenta dinamitar el tren presidencial pero Obregón va en otro tren y Segura no quiso matar inocentes. En elecciones va Serrano y Gómez. Obregón los mata en noviembre de 1927, esa presidencia se mancha de sangre. Vilchis tiene un cristero y dos de la ACJM: este cristero era José González, pero Nahúm Ruiz y Tirado Arias son de aquella ACJM.

Vilchis hace bombas. Pide a la Liga le proporcione un coche. La Liga ordena que Humberto, hermano del padre Pro, le de a Vilchis aquel viejo Essex placas 10101 y un destartalado Studebaker.

El Essex es de un tal ‘Daniel García’ este seudónimo de Roberto Pro, otro hermano. Ignorantes del plan cambiaron coches, y González recibió este Essex.

Aquel 13 de noviembre de 1927, Velázquez va a Villa de Guadalupe. González lleva el Essex con Segura, Tirado y Ruiz. Obregón llegó en tren a la 1PM y va a su casa. González quiere apuñalarlo, Segura se apegaría al plan. A las 2 Obregón saldrá con Bay, y Orcí, en Cadillac, para pasear, antes de aquella corrida vespertina de toros en su honor.

Los sigue el Essex y el auto de guardaespaldas por la Fuente de las Ranas y Chapultepec. En Filósofos, el Essex, se empareja al Cadillac, Vilchis arroja su bomba, Nahúm la suya y vacía revólver al Cadillac. Humaredas y cristales rotos, Obregón pálido procuraba su revólver. Segura ordena la fuga y el Essex sale volado a Paseo de la Reforma.

Obregón grita ¡agarren los jijos de la chingada! Guardaespaldas van tras del Essex de Chapultepec a Reforma. El coronel Jaime tirotea al Essex, un plomazo abre agujero al tanque de gasolina.

En la Glorieta del Ángel, Segura ordena a González ir a la derecha y por Florencia y Liverpool alcanzaron llegar hasta aquella avenida de los Insurgentes.

Nahúm se asoma y un plomo le pasa la cabeza; se reclina en Tirado. En Insurgentes se acerca un Ford. Vilchis lo chocará en Insurgentes y Liverpool. Se apelmaza la gente. Vilchis huye. González sale en otra dirección. Tirado intenta huir pero aquella notoria mancha de sangre le llama la atención de la policía, él y Nahúm Ruiz serán apresados.

Segura toma tranvía a Tacubaya, llega al iniciar corrida. Consternado ve a Obregón, lo saluda y le habla para coartada. El atentado contra Obregón conmociona al país. La familia Pro lo supo en la noche y no se preocuparían sino al día siguiente, cuando Humberto se entera de que dinamiteros iban en ese Essex destartalado con las placas 10101.

Tirado es torturado pero no dice nada y muere. Un policía engaña al herido Ruiz, se finge hermano, Ruiz pide avise a Segura y los Pro que se escondan, versión dudosa ya que Ruiz ignora esa suerte de Segura. Entonces Ruiz por su gravedad fallecería el 20 de noviembre. Calles y Obregón ordenan detener a cuantos estén implicados en el atentado.

Mazcorro nombra a Basail y a Quintana. Al fallecer Ruiz, su esposa Luz del Carmen, declara que el jefe es Vilchis; la policía va por él. El 17 Basail va a Luz y Fuerza –¿es usted el ingeniero Segura? –Para servirlo. –Soy agente de la Inspección General de Policía–. Basail, escruta a Segura quien permanecerá con aquella actitud inmutable.

–El general Cruz me encargó tratar un asunto. Van a la Inspección y llevan a Segura ante Cruz. –Gusto en conocerlo; Siéntese, le molesté para preguntas. –A sus órdenes. –¿Qué sabe del atentado? –Lo que dice la prensa. –¿Qué hizo el 13? –No podré dar detalles, no pensé que memorizarlo fuera a serme de utilidad. Pero verá usted que hice.

–Fui a misa. –¿A misa? –¿Dónde? –General, sé en qué incurren los que dicen misa, soy católico apostólico y romano. –Siga. –Luego fui a comer a casa y a las 2 a los toros. Aquí traigo el boleto. ¡La corrida fue monumental! Estaba cerca del general Obregón; le brindaron un toro. Tras la corrida fui a un restorán, a mi casa, y de noche al teatro.

Obregón avala la coartada, pero sospecha de Calles. La policía cateó un domicilio por Alzate, indicado por la esposa de Ruiz y había restos de material para elaborar bombas, consignaron a estas señoritas que viven ahí. Ignoran todo, pero saben que la casa es de Josefina Montes de Oca misma que se las prestaba, por mediación de Humberto Pro.

Los Pro dejan su casa y los oculta María Valdés en Londres 22, donde Humberto y Roberto se unirán a cristeros.

Basail y Quintana detienen a la señora Montes e interrogan a su hijo José que dijo que estuvo en el refugio de los Pro. Los policías le obligan confesar, sobre la casa en donde se encontraba este Miguel Pro, que era aquella de Londres 22.

La policía rondó esta casa de la señora Valdéz, la madrugada del 18 de noviembre tumban la puerta donde dormían los Pro. –¡Nadie se mueva. Miguel, dijo: –arrepiéntanse. Da absolución, dijo –ofrecemos estas vidas por la religión en Méjico, los tres, que Dios acepte nuestro sacrificio. Salen escoltados y Basail se dirigió a aquella señora Valdés:

–¿Sabe que esconde dinamiteros?, –Escondí un santo. Pro intervino: –Déjela en paz. A esta señora Valdéz dijo –¡me matarán! Le doy mis ornamentos sacerdotales. –Nada de eso; le dice Basail. Pro lo ignoró. La señora le dio un sarape, Pro le daría sus ornamentos y cilicio, y los tres hermanos son llevados con urgencia a esta Inspección de Policía.

Ven a Segura, que por consigna de la ACJM, fingiría no conocerlos, ni ellos a él. El proceso será regular. Los Pro, les dicen no tener nada que ver con aquel atentado. Piensan dejarlos libres con fianza. Pero el 21, Calles y Obregón ordenarán a Cruz que sean fusilados. Cruz, dijo que tendrían que darle al menos apariencia de legalidad a aquel proceso.

Dicen a Obregón que está preso Segura, pero al verlo en El Toreo no cree que es un atacante. Cruz le dice a Segura que será liberado pero Segura ve que ajusticiarán por el atentado contra Obregón, a los Pro, y su conciencia de cristiano le obligará a confesar toda esta verdad. Y haciendo aquel acto de contrición entonces Segura se dirigirá a Cruz.

–General ¿me da su palabra que serán liberados los que no fueron parte, si digo la verdad? –Sí, ingeniero. –Soy el autor del intento de ejecución de Obregón llevado a cabo el 13. En el plan me ayudaron Ruiz y Tirado, estos Pro nada tuvieron que ver, ni supieron lo que yo iba a hacer, ni tomaron parte en lo que fuera ejecutado sólo por mí.

–La culpabilidad de los Pro ya es probada. Quiere salgan libres para luego argüir que usted es inocente. –No intento burlarme de usted. Ellos no tuvieron nada con este intento de ejecución de Obregón. Mi confesión me costará la vida, es por mí conciencia, que seguramente usted quizá nunca pueda comprender el por qué de este, mi proceder.

–Si matan a los Pro siendo unos inocentes, ninguna responsabilidad tendré, como la tendría si no hablara. Era con la verdad en los labios. Segura cita los preparativos y ejecución del atentado por él, por Ruiz, por Tirado, y el chófer González aún prófugo. Cruz, tuvo que aceptar aquella declaración. –¿ Pero para qué asesinar al general Obregón?

–¿No se arrepiente de intentar matar a mi general Obregón? –Si 20 vidas tuviera Obregón, 20 vidas le quitaría, para salvar al catolicismo también la patria de su ominosa tiranía. –Entonces vuelva a prisión. –Soy el responsable de todo y reivindico para mí esas consecuencias. Segura resultará condenado a muerte, sin que liberaran aquellos Pro.

El 19 dice –Soy Luis Segura Vilchis de 24 años de Piedras Negras con domicilio en ese 6 de plaza Juárez . Planeé atentado contra Obregón. Comprometí a Ruiz, Tirado, y González, dos en poder de la policía y el último, prófugo. Hice bombas en la casa número 144-A de Alzate, me rehúso denunciar aquel que me ayudara para poder elaborarlas.

Labougle intercede ante Calles por los Pro. El 22 a medianoche baja a la celda Cruz con Palomera «el mata católicos». Cruz señala a reos, Palomera los mira de pies a cabeza y toma notas. Los fotografían. A Pro le da mala espina. Dijo a Roberto –quién sabe qué harán, nada bueno ha de ser. Pidamosle a Dios resignación por lo que nos venga.

Pro despierta y toma aspirina. El 23 de noviembre a las 10 aparece en este calabozo el de Seguridad, Mazcorro, grita: –¡Miguel Agustín Pro! El padre se para y se pone saco, apretó la mano a Roberto, va al patio de la Inspección. No notifican a los prisioneros que al salir está el aparato de fusilamiento, el padre con toda calma se va al paredón.

Quintana dijo –perdóneme. –No sólo lo perdono, le dice Pro, le doy gracias. En este tiro al blanco, hay siluetas humanas. La Gendarmería Montada ya formó aquel cuadro y se dispone para recibir órdenes. El mayor Torres pregunta a Pro por este último deseo –me dejen rezar. Torres se retiró y luego arrodillado aquel padre se colocó en posición.

Pro abre brazos y grita –¡Viva Cristo Rey! Recibió la descarga y un sargento da tiro de gracia. Traen a Segura pálido, pero se repuso y con gallardía y serenidad se va al paredón. Ante al cadáver de Pro, homenajea al mártir. Siguió Humberto que toca con reverencia el cadáver de su hermano, para ya finalmente salir este Juan Tirado.

Temprano fuela señorita Ana María Pro. No dejaron a su criada traer desayuno a sus hermanos. Quintana y Basail y le prometen permiso para ver a sus hermanos. Ana oye que los enviarán a las islas Marías, o que serán fusilados. Cuatro ambulancias de la Cruz Verde llegan, y ella no tiene ya ni la menor duda de que sus hermanos iban a morir.

La fusilería la llena de terror. Roberto no es fusilado. En este hospital Juárez Ana encontró a su hermano Edmundo, y arribará compungido don Miguel Pro, el padre de los ajusticiados. El anciano besa la frente de sus dos hijos ajusticiados y dijo a Ana María que sollozaba –hijita, mejor ya no llores, porque aquí ya no hay ningún motivo para llorar.

Los dejan llevar los cuerpos a la Pánuco para velarlos la gente. A las 10 de la noche tocaron y don Miguel, al abrir, se encontró con media docena de policías. Se inquietó, pero aquellos policías descubriéndose cabezas piden permiso para ver a estos mártires. Se arrodillaron y les rezan. Al salir les dicen –Si algo se les ofrece, cuenten con nosotros.

Deja una respuesta