Alfredo Díaz Ordaz, el hijo desobediente


Lunes 1 de junio de 2026
Una de las historias más extrañas (y poco conocidas) del rock mexicano es la del hijo de un presidente de la república metido de lleno en la psicodelia.
En plena efervescencia de finales de los años sesentas, mientras el país atravesaba uno de sus momentos más oscuros; bajo el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz —considerado por muchos como una de las figuras más siniestras en la historia de México—, su hijo, Alfredo Díaz Ordaz tomaba un camino totalmente distinto: formar bandas, grabar discos y moverse dentro de la escena rockera.
Participó en proyectos como Love Syndicate, Renaissance y Wingman, con influencias de psicodelia, blues y rock progresivo.
Incluso existe una anécdota que parece irreal: una fiesta en Los Pinos donde estuvo Jim Morrison y que terminó abruptamente.
Años después, también fue productor de los primeros discos de Thalía, con quien además mantuvo una relación que generó polémica por la diferencia de edades.
Una historia llena de contrastes que refleja lo compleja que fue esa época en México y cómo el rock también se colaba en los lugares más inesperados.

