¿Por qué Mons. Marcel Lefebvre no confiaba en Roma?


Lunes 1 de junio de 2026
Muchas personas imaginan que Mons. Marcel Lefebvre decidió consagrar obispos en 1988 únicamente por desconfianza o por una oposición abstracta a las autoridades romanas.
Sin embargo, cuando leemos sus discursos de aquella época, vemos que su posición se basaba en hechos concretos que había presenciado a lo largo de los años.
Según él, diversos monasterios, comunidades y seminaristas tradicionalistas aceptaron acuerdos con Roma creyendo que podrían conservar la Misa tradicional, su formación y su modo de vida.
Sin embargo, desde la perspectiva de Lefebvre, las promesas hechas inicialmente terminaron siendo restringidas gradualmente o simplemente abandonadas.
Por eso, cuando le preguntaban por qué no aceptaba sin más las garantías ofrecidas por Roma, respondía señalando ejemplos concretos de comunidades que ya habían seguido ese camino y que, según él, terminaron perdiendo precisamente aquello que pretendían conservar.
Entre los casos que solía citar estaban el monasterio de Flavigny, el monasterio de Fontgombault y el seminario Mater Ecclesiae.
Son episodios que ayudan a comprender por qué consideraba insuficientes las promesas recibidas y por qué juzgaba necesaria la continuidad de la obra tradicional mediante obispos propios.
- El caso de Dom Augustin de Flavigny
Lefebvre habla de Dom Augustin con evidente decepción.
Dom Augustin era superior del monasterio benedictino de Flavigny. Lefebvre recuerda que él mismo había ordenado a 24 sacerdotes en aquel monasterio. Por lo tanto, no se trataba de alguien ajeno a la obra tradicional.
Según Lefebvre, Dom Augustin llegó a la conclusión de que no podía continuar vinculado a la Fraternidad y decidió reconciliarse con Roma. La esperanza era sencilla: entrar en plena obediencia conservando la liturgia tradicional para sus monjes.
Pero, según Lefebvre, después de la reconciliación, Roma exigió que la Misa conventual del monasterio se celebrara según el nuevo rito.
Su queja no era simplemente que hubiera una restricción disciplinaria. El punto era otro:
Si alguien abandona la Fraternidad para obedecer a Roma y aun así no puede conservar la liturgia tradicional, ¿cuál es entonces la utilidad práctica de la reconciliación?
Para Lefebvre, este caso demostraba que las concesiones eran temporales y frágiles. - El monasterio de Fontgombault
Los monjes de Fontgombault habían aceptado celebrar la Misa nueva por obediencia a los obispos.
Cuando apareció el indulto que permitía el uso de la Misa tradicional, creyeron que cumplían perfectamente todas las condiciones para beneficiarse de él.
Según Lefebvre, el arzobispo local se negó a autorizar la Misa conventual tradicional.
Los monjes recurrieron:
al obispo;
a la Congregación para el Culto Divino;
al Papa.
Pero, según el relato de Lefebvre, continuaron sin obtener aquello que se les había prometido. - El seminario Mater Ecclesiae (los «tránsfugas de Écône»)
Nueve seminaristas abandonaron Écône después de establecer contactos con Roma.
Según Lefebvre, se les hicieron grandes promesas:
un seminario tradicional;
una formación tradicional;
la preservación de la liturgia tradicional.
Se creó el Seminario Mater Ecclesiae con el apoyo de varios cardenales, entre ellos el cardenal Joseph Ratzinger.
Sin embargo, Lefebvre afirma que, al cabo de algún tiempo, aquellas promesas no fueron cumplidas.
Cita una carta del Abbé Carlo diciendo, en resumen:
«Lo hemos perdido todo. Nos quitaron la liturgia. Nos quitaron todo.»
Este es el ejemplo más fuerte de todo el discurso, porque Lefebvre lo presenta como una advertencia directa a sus propios seminaristas: aquellos que confiaron en las garantías romanas terminaron, según él, sin nada de aquello que se les había prometido.
Es importante señalar que estos tres casos son presentados por Lefebvre como parte de su argumentación en 1988.
La interpretación de los hechos es discutida por otros autores y por personas vinculadas a Roma en aquella época.
Sin embargo, dentro de la lógica de su discurso, estos ejemplos sirven para fundamentar su conclusión:
«Si incluso aquellos que hicieron acuerdos terminaron perdiendo progresivamente aquello que deseaban conservar, entonces no puedo confiar en que la Tradición será protegida únicamente por promesas.»

