Lavolpe y su legado


Domingo 19 de abril de 2026
¿Y si dijera que un portero argentino que le atajó un penal a un gigante en una final y se fue a México para retirarse, terminó siendo el hombre que le cambió la cara al fútbol mexicano para siempre?
No fue un entrenador cualquiera. Fue un visionario con bigote. Fue Ricardo Lavolpe.
Nació el 6 de febrero de 1952 en Buenos Aires, Argentina. Mide 1.88 metros y fue portero toda su carrera. Debutó en Banfield en 1971 y fue campeón de la Segunda División argentina en 1973.
En 1975 llegó a San Lorenzo, uno de los grandes de Argentina. Allí jugó hasta 1979, teniendo actuaciones tan destacadas que fue convocado a la selección argentina.
Compartió vestuario con cracks de la talla de Diego Maradona, al que enfrentó en entrenamientos y con quien forjó una relación de respeto mutuo que años después lo ayudaría a llegar a la cima del fútbol argentino.
Pero su destino no estaba en Argentina. En 1979 viajó a México para fichar con el Atlante. En su etapa como jugador, casi se corona campeón: en la temporada 1981-82, Atlante llegó a la final.
Lavolpe atajó un penal y además pidió disparar, anotando su propio tiro. Pero sus compañeros fallaron tres ejecuciones y el título se escapó en tanda de penales.
Se retiró como jugador en 1983, en Oaxtepec, con 31 años. Pero su historia apenas comenzaba.
Ese mismo año, Oaxtepec le dio la oportunidad de debutar como entrenador. Lavolpe sorprendió por sus métodos innovadores para la época. No era un técnico tradicional. Era un táctico obsesivo, un estudioso del juego, un romántico del balón.
Su primer gran éxito llegó en 1988, cuando Atlante apostó por él. No fue fácil. En su primera etapa quedó subcampeón. Pero regresó en 1991 y construyó un equipo imparable.
La temporada 1992-93 fue su obra maestra. Atlante, un equipo que llevaba 46 años sin ganar un título, se coronó campeón de liga tras superar a Necaxa, León y al Monterrey en la final de Liguilla.
Lavolpe cortó la sequía más larga del fútbol mexicano y demostró que con trabajo, estudio y una idea clara, se podía ganar. Esa idea se llamó «Lavolpismo».
Salir con el balón controlado desde atrás. Jugar de tú a tú frente a cualquier rival, sin importar su jerarquía. Respetar al público que quiere ver fútbol. Tener buen trato de la pelota e ir a ganar los partidos. Esos fueron sus principios.
Y esa filosofía no solo le dio títulos, sino que creó una escuela. De aquel Atlante campeón surgieron entrenadores que hoy dirigen en México y Sudamérica: Rubén Omar Romano, José Guadalupe «Profe» Cruz, Raúl «Potro» Gutiérrez, Mario García, Sergio Bueno, Jorge «Negro» Almirón, Guillermo Barros Schelotto, Gonzalo Pineda, Daniel Guzmán, y el más famoso de todos: Miguel Herrera, que aprendió de Lavolpe y después fue campeón con América y con la selección.
Dirigió a equipos de toda la geografía mexicana: Oaxtepec, Ángeles de Puebla, Atlante (en tres etapas), Guadalajara (en dos), Querétaro, América (en dos), Atlas (en dos), Toluca (en dos), Monterrey, Jaguares de Chiapas.
También probó en Argentina: Boca Juniors en 2006 y Vélez Sarsfield en 2007. Y en el extranjero: Banfield, la selección de Costa Rica en 2011, Pyramids FC de Egipto en 2018.
Su momento cumbre llegó en 2002. La selección mexicana, tras el Mundial de Corea-Japón, lo contrató para que iniciara un nuevo ciclo.
Lavolpe imprimió su sello de inmediato. En 2003, México ganó la Copa Oro, venciendo a Brasil en la final 1-0. Fue el primer título internacional importante de México en la era moderna.
En 2004, ganó el Preolímpico de Concacaf y clasificó a México para los Juegos Olímpicos de Atenas.
En la Copa América 2004, México llegó a cuartos de final. En la Copa Confederaciones 2005, México llegó a semifinales, jugándole de tú a tú a Alemania, Brasil y Argentina.
Llegó el Mundial de Alemania 2006. México enfrentó a Argentina en octavos de final. Enfrente estaban su país natal y su amigo Maradona.
El partido fue una batalla táctica. México empató 1-1 y se fue a tiempo extra. En el minuto 98, Maxi Rodríguez conectó un golazo de volea desde fuera del área. Argentina ganó 2-1. Lavolpe fue eliminado por su propia tierra.
Fue el fin de su ciclo. Pero el «Lavolpismo» ya era parte del ADN del fútbol mexicano.
Tuvo ofertas para seguir dirigiendo. En 2006, rechazó a Boca Juniors porque decía que no conocía lo suficiente el fútbol argentino. Pero después, con el apoyo de Maradona, aceptó.
Boca venía de ganar cinco torneos seguidos. Lavolpe llegó, perdió los últimos dos partidos del campeonato y tuvo que jugar una final de desempate contra Estudiantes. La perdió 2-1. Cumplió su promesa de renunciar si no salía campeón y se fue.
En 2014, Chivas lo contrató para su segunda etapa. El 30 de abril, el presidente Jorge Vergara lo despidió en rueda de prensa por «conducta inapropiada con una persona del personal médico».
El escándalo fue mayúsculo. Lavolpe se defendió, demandó y finalmente llegaron a un acuerdo. Un año después, fue liberado para volver a dirigir.
Su última experiencia como entrenador fue con Toluca en 2019, ya con 67 años.
El 28 de marzo de 2026, Ricardo Lavolpe anunció su retiro definitivo de los banquillos. «Ya me pasó la edad, ya me pasó esa presión», declaró.
A partir de ahora, se enfocará en ser director deportivo y analista táctico en TUDN, donde aparece regularmente en transmisiones de la selección mexicana.
No se ha retirado del todo del fútbol. En febrero de 2026, declaró que estaría dispuesto a ser auxiliar técnico de Javier Aguirre en la selección mexicana para el Mundial de 2026, que se jugará en Canadá, Estados Unidos y México.
«Por supuesto, para lo que pueda ayudar, yo le debo mucho a México», dijo.
A sus 74 años, sigue siendo una voz autorizada en el fútbol mexicano. Critica, opina, enseña. Su legado no está en los títulos, que fueron pocos: apenas una liga con Atlante y una Copa Oro con la selección. Su legado está en una idea, en una filosofía, en una forma de ver y enseñar el fútbol que influenció a generaciones enteras.
La gente dice que es polémico, que tiene un carácter fuerte y que se lleva mal con los periodistas. Pero los que lo vieron jugar y dirigir saben: es un genio. Un tipo que le cambió la cara al fútbol mexicano, que le enseñó a México a jugar de tú a tú contra el mundo y que nunca, jamás, traicionó sus ideas.
Hoy, Ricardo Lavolpe es leyenda viva del fútbol mexicano. El niño de Buenos Aires que le atajó un penal en una final ahora es el bigotón que revolucionó México.
¿Su legado? El lavolpismo. El de la posesión, la inteligencia, el respeto al balón y el hombre que demostró que el fútbol se juega con la cabeza, no solo con el físico.
Ricardo Lavolpe no fue una carrera. Fue una revolución silenciosa.
Un hombre que tomó su idea del fútbol y la defendió contra viento y marea, y que tomó a México y le enseñó a no tenerle miedo a nadie, ni siquiera a Brasil.
El entrenador que demostró que un argentino puede ser más mexicano que muchos mexicanos, que un visionario no necesita títulos para ser grande y que la verdadera gloria está en cambiar la forma en que un país entiende el juego.
Y por eso, no solo fue campeón con Atlante y con la selección.
Fue el Bigotón, el hombre que le cambió la cara al fútbol mexicano, el maestro de entrenadores y el que nos enseñó que el fútbol, cuando se juega bien, es el deporte más hermoso del mundo.

