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Heriberto Murrieta: En defensa de la Fiesta Brava


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Lunes 6 de abril de 2026

“La suspensión de la Plaza México coarta la libertad de una afición perseguida, afirma Heriberto Murrieta”.

En México cinco de 32 estados han prohibido los espectáculos taurinos.

A partir de junio de 2025, la empresa anunció la suspensión de actividades taurinas debido a una reforma legal que prohíbe las corridas violentas, inhabilitando el formato tradicional.

El periodista, una de las voces más reconocidas del ámbito taurino, expuso su posición sobre la suspensión que prima actualmente sobre la Plaza México y las corridas de toros.

Son tiempos convulsos para la tauromaquia en México. El pasado El 10 de junio de 2022, el juez Jonathan Bass, del Juzgado Primero de Distrito en Materia Administrativa, suspendió definitivamente las corridas de toros en la Plaza México.

El Juez Federal suspendió definitivamente las actividades en la Plaza México en seguimiento a un amparo promovido por la asociación civil Justicia Justa.

La suspensión confirmó la medida provisional dictada por el mismo juez dos semanas antes.

La plaza de toros más grande del mundo se había quedado sin toros. La tauromaquia había entrado en fase crítica, en terapia intensiva, en la capital del país de uno de los países en los que más arraigo goza. O gozaba.

Para Heriberto Murrieta, uno de los cronistas taurinos más reconocidos del país, la decisión del juez Jonathan Bass es un ultraje a la libertad, un acto de intolerancia.

“Me parece que la suspensión es un acto autoritario, anticonstitucional que busca coartar la libertad de una minoría perseguida como es la taurina. Estoy confiado en que pueda revertirse esta situación y que pueda continuar la actividad taurina en la Ciudad de México a pesar de que, ciertamente, hay mayores amenazas con respecto a la continuidad de la tauromaquia en la República”, expresó en entrevista con AS.

Murrieta, periodista de ESPN y comentarista taurino de vasta trayectoria en variedad de medios, como Radio Fórmula y Televisa, no vislumbra una extinción de la ‘fiesta brava’ en México pese al rechazo cada vez mayor: “Veo ciertos indicios favorables, ya que hay aspectos legales, de empleo y de derrama económica, que pueden ayudar a que esto no se concrete, pero también es verdad que avanza a pasos agigantados el movimiento anti-taurino (…)

Hay una tendencia a que se convierta en un espectáculo de puertas adentro, en un espectáculo reducido no tan público. Quizá ese sería el destino de la fiesta de toros, esa podría ser una de las posibilidades para su continuidad”.

El también aficionado a los ‘Potros de Hierro’ del Atlante no compartió la idea que un sector del gremio taurino ha difundido como un salvoconducto para preservar la existencia de la tauromaquia: abolir aspectos esenciales de la corrida, como la muerte del toro:

“Eso lo vería como una posibilidad última, el último recurso. Creo que el ritual debería mantenerse como está (…) Entiendo que para muchas personas el hecho de que el toro muera ante sus ojos resulte perturbador, pero también hay una contradicción y un doble discurso, porque mucha gente que no quiere ver morir al toro consume carne que proviene de un animal que seguramente fue liquidado a mansalva sin oportunidad de salvarse en los rastros, a diferencia del toro de lidia”.

A partir de ello, Murrieta desarrolló a grandes rasgos los principales argumentos pro-taurinos:

“Creo que no hay crueldad en la corrida, puesto que el torero no goza con el supuesto sufrimiento del toro. Millones de reses y otros animales de consumo sí mueren cruelmente de manera ventajista. Los taurinos, por mucho que pudiera presuponerse lo contrario, somos animalistas: sentimos amor y veneración por este animal milenario. Las ganaderías son grandes espacios ecológicos donde el toro vive en excelentes condiciones; solo uno de cada siete muere en una plaza. Si la tauromaquia se prohíbe terminaría extinguiéndose la especie del toro de lidia”.

Murrieta espera que la diatriba se resuelva por los cauces indicados, el debate y el intercambio democrático, en el entendido de que las posiciones lucen irreconciliables. No hay punto medio.

La solución idónea, estima el comentarista, si el proceso jurídico se perpetúa, es la convivencia, la tolerancia, ya que ninguna parte cederá en sus peticiones:

“Si una persona está en desacuerdo, que no vaya, en un marco de respeto. Las personas que sí estamos de acuerdo y disfrutamos esto y lo vemos como un arte, una cultura y una tradición, que se nos permita ir. Los políticos no tienen por qué decirnos a dónde ir, a dónde no, cómo educar a nuestros hijos, a dónde llevarlos. Tiene que haber un libre albedrío de los ciudadanos dentro de una nación democrática”.

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