Historia

La torta cubana

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Domingo 15 de marzo de 2026

Hay nombres que engañan. La torta cubana no nació en Cuba.

Todo apunta a que surgió en la Ciudad de México, probablemente a mediados del siglo XX, dentro del mundo de las torterías del Centro Histórico. Y una de las teorías más repetidas tiene que ver con una calle muy específica: República de Cuba.

Durante décadas, esa calle, ubicada a unas cuadras del Zócalo, estuvo llena de torterías, loncherías y pequeños locales donde se vendían tortas a trabajadores, estudiantes y comerciantes del centro.

En algunos de esos lugares empezó a aparecer una torta distinta. Era más grande, más cargada, con varios ingredientes al mismo tiempo.

Mientras las tortas tradicionales llevaban un solo relleno, como milanesa, jamón, pierna o queso, esta versión llevaba de todo: Milanesa, jamón, salchicha, huevo, queso, aguacate, frijoles y lo que el tortero tuviera a la mano.

Era una torta abundante, difícil de cerrar, pensada para llenar de verdad.

La historia más repetida dice que, como esas tortas se vendían en la calle de Cuba, la gente comenzó a pedirlas simplemente como las de Cuba o las cubanas. Con el tiempo el nombre se quedó y así nació la torta cubana.

Existen otras versiones. Algunas cuentan que el nombre apareció en torterías del centro durante los años cincuenta o sesenta.

Incluso circula una anécdota muy popular que dice que Fidel Castro, cuando vivía en México en los años cincuenta, pidió una torta con muchos ingredientes y el resultado terminó llamándose cubana. Pero esa historia pertenece más al terreno de la leyenda urbana que a la documentación histórica.

Lo que sí sabemos con claridad es que la torta cubana no tiene relación con el sándwich cubano de La Habana o de Miami. Su origen está profundamente ligado a la comida callejera de la Ciudad de México.

Nació de una lógica muy chilanga: Si una torta era buena, una con todo era mejor.

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