Aplastaré a los cristeros en tres meses


Martes 17 de febrero de 2026
Cuando estalló la Guerra Cristera, el presidente Plutarco Elías Calles estaba convencido de que sería una rebelión breve.
En una reunión con el gobernador de Jalisco, José Guadalupe Zuno, Calles dijo con seguridad:
“Aplastaré a los rebeldes cristeros en tres meses.”
Zuno respondió sin titubear:
“Se ve que usted no conoce a la gente de aquí; serán tres años.”
Y así fue.
La guerra que comenzó en julio de 1926 duró tres años exactos, llenando los caminos de sangre, fe y silencio.
Calles subestimó la fuerza de un pueblo que no peleaba por poder, sino por convicción.
Los Estados Unidos, temerosos de que el conflicto afectara sus intereses en el petróleo y los ferrocarriles, respaldaron discretamente al gobierno mexicano con armas y asesoría.
Mientras tanto, desde los cerros, los cristeros resistían con rosarios, rifles viejos y una fe que parecía no tener fin.
Cuando la guerra terminó en 1929, no hubo vencedores claros, solo un país herido y una promesa que se repitió durante generaciones:
“Se ve que no conocen a la gente de aquí.”

