Internacional

La presión de Trump deja sin combustible a los aeropuertos cubanos y acelera la caída del régimen

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Jueves 12 de febrero de 2026

El régimen cubano ha reconocido de facto la gravedad de su crisis energética al advertir a aerolíneas y pilotos de la imposibilidad de garantizar combustible para aviones en varios aeropuertos del país, incluido el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, una medida que entró en vigor a partir del martes y se prolongará, al menos, hasta el 11 de marzo.

El aviso, difundido en la noche del domingo 8 de febrero, confirma un nuevo escalón en el proceso de racionamiento que atraviesa la isla mientras la presión internacional liderada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha reducido de forma drástica el acceso de Cuba a sus fuentes tradicionales de suministro energético.

Según la notificación oficial, el combustible de aviación no estará disponible en nueve aeropuertos del país durante ese periodo.

Aunque el régimen no ha ofrecido explicaciones públicas, la decisión se produce en un contexto de asfixia energética cada vez más evidente, agravada por la interrupción de los envíos de petróleo procedentes de Venezuela y México, dos aliados clave cuya capacidad de suministro se ha visto condicionada por la política de sanciones impulsada desde Washington.

A finales de enero, la administración Trump firmó una orden ejecutiva que contempla la imposición de aranceles a cualquier país que venda o facilite petróleo a Cuba, una amenaza que ha tenido efectos inmediatos sobre el flujo de crudo hacia la isla.

Esta presión ha terminado por golpear a uno de los sectores más sensibles de la economía cubana: el turismo, pilar esencial para la entrada de divisas.

Las consecuencias no se han hecho esperar. Aunque los vuelos regionales de corta distancia podrían esquivar parcialmente el impacto, las rutas de largo radio, especialmente desde países como Rusia o Canadá, afrontan serias dificultades.

El lunes, Air Canada anunció la suspensión de sus operaciones hacia la isla, mientras que otras compañías optaron por retrasos o escalas técnicas en República Dominicana antes de continuar rumbo a La Habana.

La última vez que se adoptaron restricciones similares, hace más de una década, los vuelos con destino a Europa tuvieron que repostar en Nasáu, en Bahamas.

En esta ocasión, algunas aerolíneas regionales podrían evitar contratiempos cargando combustible adicional, mientras que otras estudian repostar en Cancún o en aeropuertos dominicanos.

La falta de información oficial añade incertidumbre sobre la duración real de estas restricciones.

Las autoridades cubanas no han comparecido públicamente para aclarar el alcance del aviso ni su posible prórroga, lo que incrementa la preocupación en un sector ya debilitado.

El turismo, que llegó a generar alrededor de 3.000 millones de dólares anuales, atraviesa uno de sus momentos más delicados y ve comprometida su función como salvavidas económico del país.

El deterioro no se limita al ámbito aeroportuario. El propio régimen anunció el lunes la reducción del horario bancario y la suspensión de actividades culturales. 

En La Habana, el transporte público en autobús ha quedado prácticamente paralizado, dejando a miles de ciudadanos atrapados entre apagones prolongados, colas interminables y una escasez de combustible que afecta a la vida diaria.

La emergencia energética ha obligado también a cancelar eventos emblemáticos, como la Feria Internacional del Libro de La Habana, prevista para este fin de semana, y a reorganizar la temporada nacional de béisbol con criterios de ahorro.

Las empresas distribuidoras de combustible comunicaron, además, que dejarán de vender gasolina en pesos cubanos, limitando las ventas a dólares y estableciendo un máximo de 20 litros por persona.

Estas decisiones se suman a otras ya anunciadas, como los recortes en el transporte por carretera y la reducción de frecuencias ferroviarias.

Todo ello dibuja un escenario de contracción acelerada que recuerda a etapas anteriores de colapso económico.

El jueves, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, protagonizó un discurso televisado de dos horas en el que admitió el impacto de la situación y anticipó nuevas medidas en los próximos días. Sus palabras, sin embargo, no lograron disipar el malestar de una población exhausta.

Las sanciones estadounidenses contra Cuba se mantienen desde hace más de seis décadas y han condicionado de forma estructural la economía de la isla.

No obstante, el endurecimiento de la política de Washington y el nuevo equilibrio regional han llevado esa presión a niveles inéditos.

Hoy, con los aeropuertos sin queroseno y el turismo en retroceso, el régimen se enfrenta a una realidad cada vez más difícil de ocultar: el modelo ha dejado de sostenerse incluso en sus pilares más estratégicos.

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