El catálogo de TELEVISA


Viernes 20 de marzo de 2026
Una de las historias más oscuras, incómodas y persistentes dentro del entretenimiento en México gira alrededor de un supuesto archivo del que todos han oído hablar, pero que nadie ha podido probar: el llamado “Catálogo de Televisa”.
Durante años, entre pasillos, entrevistas y susurros que resurgen cada cierto tiempo en redes sociales, se ha construido la idea de que existía algo más que simples castings y reuniones de trabajo.
Según esta versión, se trataba de un registro fotográfico, casi como un “menú”, donde actrices y actores jóvenes eran presentados a empresarios, patrocinadores y figuras de poder.
El intercambio, dicen, era tan directo como inquietante: compañía, presencia o favores personales a cambio de oportunidades que podían cambiar una carrera entera, desde protagónicos hasta contratos exclusivos o sumas importantes de dinero.
Nada oficial, nada escrito abiertamente, pero lo suficientemente repetido como para convertirse en leyenda urbana.
Aunque la televisora siempre ha rechazado categóricamente estas versiones, varias figuras del medio han dejado declaraciones que, lejos de cerrar el tema, lo mantienen vivo.
Kate del Castillo, por ejemplo, mencionó en su documental para Netflix que en ciertas comidas con publicistas, algunas actrices eran presentadas para “entretener” a inversionistas, en un ambiente donde lo profesional y lo personal se mezclaban de forma incómoda.
Dulce María también ha comentado en entrevistas que este tipo de dinámicas sí existían en la industria, aunque subrayando que cada persona decidía hasta dónde involucrarse.
Y Alejandra Ávalos fue aún más directa al asegurar que en su momento le propusieron integrarse a este supuesto círculo selecto, con promesas de beneficios económicos considerables.
Del otro lado, hay quienes sostienen que todo esto podría ser una interpretación exagerada de las llamadas “comidas de publicistas”, encuentros comunes en la industria donde talento, marcas y clientes coincidían en un mismo espacio para cerrar negocios.
En ese contexto, lo que algunos interpretaron como un sistema estructurado, otros lo ven simplemente como una dinámica turbia pero no formalizada, propia de una época donde las líneas entre poder, influencia y oportunidad eran mucho más difusas.
Y sin embargo, la duda permanece. Porque en un medio donde tantas cosas se manejan fuera de cámaras, lo que se cuenta a medias suele pesar más que lo que se niega por completo.
Quizá nunca existió un catálogo físico como tal o quizá el verdadero “catálogo” siempre fue invisible, construido en conversaciones privadas, favores implícitos y decisiones que nunca quedaron registradas.
Al final, más allá de si el documento fue real o no, la historia sigue funcionando como un reflejo incómodo de cómo operaban —y en algunos casos aún operan— las estructuras de poder dentro del espectáculo.
Un relato que incomoda, que divide opiniones y que se niega a desaparecer.

