Historia

El Ángel de la Independencia

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Lunes 16 de marzo de 2026

El Ángel de la Independencia es uno de los monumentos más reconocibles de la Ciudad de México, pero durante muchos años fue también algo más: un lugar al que la gente podía subir.

El monumento fue inaugurado el 16 de septiembre de 1910, durante el gobierno de Porfirio Díaz, como parte de las celebraciones del centenario de la Independencia.

Desde el inicio fue pensado no solo como una columna monumental, sino también como un mausoleo nacional dedicado a los líderes insurgentes.

Dentro de la base del monumento existe una pequeña cámara funeraria donde se encuentran las urnas con los restos de varios protagonistas de la Independencia, entre ellos Miguel Hidalgo, José María Morelos, así como otros insurgentes como Ignacio Allende, Juan Aldama, Vicente Guerrero, Nicolás Bravo y Mariano Matamoros.

Por esa razón, el Ángel no es solamente un monumento: también funciona como un sitio de memoria histórica.

Desde esa base comienza el interior del monumento. Dentro hay una escalera metálica en espiral de cerca de 200 escalones que sube por el interior de la columna hasta llegar a la parte superior, justo debajo de la escultura dorada de la Victoria Alada. Desde ahí se puede observar una de las vistas más privilegiadas del Paseo de la Reforma.

Durante gran parte del siglo XX, las visitas al interior del Ángel eran relativamente comunes. Grupos escolares, turistas y visitantes podían subir acompañados por guías o custodios.

Sin embargo, el acceso comenzó a restringirse con el paso del tiempo. Hay varias razones.

Primero, la estructura tiene más de cien años y requiere medidas de conservación. El monumento ha sufrido daños importantes, como el terremoto de 1957, que provocó la caída de la escultura original de la Victoria Alada. Posteriormente fue restaurado y la estatua volvió a colocarse en 1958.

Además, el interior del monumento es muy estrecho y no fue diseñado para grandes flujos de visitantes, lo que representa riesgos de seguridad.

Por estas razones, desde finales del siglo XX y especialmente después de varias restauraciones —como las realizadas tras los sismos de 2017— el acceso al interior se volvió muy limitado y controlado.

Hoy en día ya no está abierto al público de manera regular, y solo se permite subir en visitas especiales autorizadas por autoridades culturales.

Aun así, el interior del Ángel sigue guardando algo único: un mausoleo, una escalera centenaria y la estructura interna de uno de los símbolos más importantes del país.

Por fuera parece solo una columna coronada por una estatua dorada. Por dentro, es literalmente un monumento construido alrededor de la historia de México.

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