obituarios

Adiós Doc

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Viernes 13 de marzo de 2026

Estas son las notas que duelen, las que hacen sangrar el alma al escribirlas.

De por si duele perder a un amigo, mucho más cuando ese amigo ha estado cerca, apoyando en asuntos de salud.

Todos debemos algo a un médico; pero la deuda que contraje con Luis Loría, era monumental, impagable… Nada más y nada menos que la vida de mi madre.

Comenzaba la pandemia y moría gente a tutiplén. Todos tenían miedo del contagio. No se sabía como funcionaba el virus.

Mi madre comenzó a sentir diversos malestares: tos, estornudos, temperatura. Pensamos en casa que podía ser el bicho. La veíamos mal, no queríamos arriesgarla, ni correr el riesgo de verla confinada a un hospital.

Pero Luis era de los bravos, de los que nunca abandonaron la trinchera. De los que se jugaron el pellejo contra un enemigo que no se sabía a ciencia cierta donde podía atacar.

¿Qué opinas Luis?, le pregunté. Hagamos una placa de tórax, indicó. Es un estudio rústico pero que bastará para saber que tiene y así combatir la enfermedad que sea…

En efecto, el estudio confirmó las sospechas y gracias a ello, mi madre vivió para contarlo…

Pero Luis Loría no quedó ahí; era un médico generoso, de diagnóstico certero, muy humano, con vocación.

Coincidimos varias veces en la cantina El Porvenir, donde disfrutamos sabrosas pláticas con Cuxo desde la barra. Luis era bien humorado, alegre, muy risueño. Un gran camarada para tomar los tragos.

Pude ver siempre en él un amigo leal, un profesionista de excelencia, un gran charlista, un excelente ser humano. Su pérdida constituye un golpe sensible para mí y para muchos otros a quienes Luis siempre consagró su quehacer.

Descansa en paz querido amigo, poco es lo que las palabras en estos casos consiguen reflejar. No puedo sino garantizarte que estarás permanentemente en mis oraciones y que he dispuesto un par de misas en honras tuyas.

Un abrazo solidario a toda su familia: a su esposa, a su hijo y a todos quienes tuvieron la suerte de conocerlo.

Nos veremos algún día Doc, sentados a la sombra de una ceiba charlaremos; como dicen hacen los hombres buenos cuando mueren y tomaremos dos como la gente como acostumbran los amigos…

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