William Wallace no era Corazón Valiente


Viernes 13 de febrero de 2026
El auténtico «Braveheart» (Corazón Valiente) no fue William Wallace, sino que fue el tipo que terminó el trabajo: Robert I de Escocia, más conocido como Robert Bruce.
¿Que Wallace era un valiente? Sí. ¿Que murió de mala manera? También. Pero el «copyright» del mote tiene una historia mucho más macabra y fascinante que cualquier guion de Hollywood.
Del William Wallace histórico sabemos que fue un plebeyo con cierta educación, que se levantó contra la ocupación inglesa: los derrotó en 1297 en la batalla del Puente de Stirling, que al año siguiente sería derrotado por Eduardo I en la batalla de Falkirk y que tras regresar de Francia fue capturado y descuartizado.
Fin del Wallace histórico y de la película. Y aquí, cuando termina la película, comienza la leyenda del verdadero Corazón Valiente.
Robert Bruce le dio para el pelo a Eduardo II en la batalla de Bannockburn (1314) y consiguió que Escocia fuera independiente. Pero el pobre solo disfrutó del trono un rato.
En su lecho de muerte, con la conciencia un poco cargada de pecados (y de muertos), le soltó un último encargo a su colega Sir James Douglas:
«Cuando muera, me arrancas el corazón y lo llevas a Tierra Santa a luchar contra los infieles, que a mí no me ha dado tiempo».
Y Douglas, que era un hombre de palabra, cumplió. Mientras el cuerpo de Robert se quedaba en Escocia —por cierto, en 1818 lo exhumaron y confirmaron que tenía las costillas serradas, prueba de que le sacaron el corazón a lo bruto—, su corazón se fue de crucero en un recipiente de plomo colgado al cuello de Douglas.
Resulta que de camino a Tierra Santa, estos escoceses se pasaron por la Península Ibérica para echar una mano en nuestra propia «cruzada». Y ahí fue donde la hicieron en grande.
En la batalla de Teba, en Málaga, los escoceses se vieron rodeados por los musulmanes. Douglas, viendo que de esa no salían vivos, hizo el gesto más épico de la historia: se quitó la cadena con el recipiente de plomo (en el que iba el corazón), y lo lanzó al grito de:
“Adelante corazón valiente, yo te seguiré o moriré”
Sí, señores. El nombre de la película viene de un caballero lanzando el órgano vital de su rey muerto a los enemigos en un pueblo de Málaga. Ni gaitas, ni libertades gritadas al viento, ni caritas pintadas. Historia pura y dura.
El corazón fue repatriado (junto al cadáver de Douglas, claro) y enterrado en la Abadía de Melrose.
Ha sido desenterrado y vuelto a enterrar un par de veces, pero hoy descansa bajo una piedra que dice algo que deberías tatuarte:
«Un corazón noble no puede estar en paz si carece de libertad».
Y ya puestos, vamos a seguir destripando la película.
La imagen de Mel Gibson con la cara pintada de azul y falda de cuadros es muy estética, pero históricamente es un despropósito.
La falda (kilt): No se inventó hasta cientos de años después. Wallace habría ido con una túnica de lino y, con suerte, con una cota de malla.
La pintura azul: Eso era de los Pictos, que ya eran historia mil años antes de que naciera Wallace. Es como si se hiciera una película sobre la Movida Madrileña y sacamos a Alaska vestida de dama romana. No pega.
Así que la próxima vez que veas la película, disfrútala porque es muy entretenida pero recuerda: el verdadero «Corazón Valiente» no era el del hacha, sino el que iba metido en una cajita de plomo por tierras andaluzas.

