La Plegaria Eucarística del Novus Ordo Parte II


Domingo 1 de febrero de 2026
La mentira más exitosa de la reforma liturgica Parte II
Comparación Textual entre la Anáfora de Hipólito en su versión reconstruida, pero cercana al original supuestamente y la Plegaria Eucarística II
A. Texto de la «Anáfora de Hipólito» (según la reconstrucción)
Diálogo inicial: El Señor esté con vosotros. — Y contigo. Levantemos los corazones. — Los tenemos en el Señor. Demos gracias al Señor, Dios nuestro. — Es cosa digna y justa.
Prefacio/Anamnesis: Te damos gracias, ¡oh Dios!, por tu bienamado Hijo Jesucristo, a quien nos enviaste en estos últimos tiempos como Salvador, Redentor y Mensajero de tu voluntad, Él que es tu Verbo inseparable, por quien creaste todas las cosas, en quien Tú te complaciste, a quien enviaste del cielo al seno de la Virgen, y que, habiendo sido concebido, se encarnó y se manifestó como tu Hijo, nacido del Espíritu Santo y de la Virgen. Que cumplió tu voluntad y te adquirió un pueblo santo, extendió sus manos cuando sufrió para liberar del sufrimiento a los que creen en Ti. Y cuando Él se entregó voluntariamente al sufrimiento, para destruir la muerte y romper las cadenas del diablo, aplastar el infierno e iluminar a los justos, establecer la alianza y manifestar la resurrección,
Relato de la Institución: tomó pan, dio gracias y dijo: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo, que es roto por vosotros.» De la misma manera también el cáliz, diciendo: «Ésta es mi sangre que es derramada por vosotros. Cuantas veces hagáis esto, haced memoria de mí.»
Anamnesis y oblación: Recordando, pues, su muerte y su resurrección, te ofrecemos el pan y el cáliz, dándote gracias porque nos has juzgado dignos de estar ante Ti y de servirte.
Epíclesis: Y te rogamos que tengas a bien enviar tu Santo Espíritu sobre el sacrificio de la Iglesia. Une a todos los santos y concede a los que lo reciban que sean llenos del Espíritu Santo, fortalece su fe por la verdad,
Doxología: a fin de que podamos ensalzarte y loarte por tu Hijo, Jesucristo, por quien tienes honor y gloria; al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo en tu santa Iglesia, ahora y en los siglos de los siglos. Amén.
B. Texto de la Plegaria Eucarística II del Novus Ordo
Diálogo inicial: El Señor esté con vosotros. — Y con tu espíritu. Levantemos el corazón. — Lo tenemos levantado hacia el Señor. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. — Es justo y necesario.
Prefacio: En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado. Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor. Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo. Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria, diciendo:
Sanctus: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo. Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.
Epíclesis pre-consecratorio: Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que sean para nosotros el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.
Relato de la Institución: Él mismo, cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: «Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros.»
Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz, y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos diciendo: «Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía.»
Aclamación memorial: Éste es el Sacramento de nuestra fe. — Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!
Anamnesis y oblación: Así, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.
Epíclesis de comunión: Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.
Intercesiones: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra; y con el Papa N., con nuestro Obispo N. y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.
Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro.
Ten piedad de todos nosotros para que merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas, en comunión con María, la Virgen Madre de Dios, los apóstoles, y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos.
Doxología: Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. — Amén.
C. Análisis comparativo: Omisiones significativas
- La supresión de las referencias al diablo y al infierno
La diferencia más grave y teológicamente significativa es la eliminación completa de la sección de la anáfora hipolítica que menciona el combate espiritual contra el diablo y el infierno.
La supuesta anáfora de Hipólito dice:
«Y cuando Él se entregó voluntariamente al sufrimiento, para destruir la muerte y romper las cadenas del diablo, aplastar el infierno e iluminar a los justos, establecer la alianza y manifestar la resurrección…»
La Plegaria Eucarística II dice:
«Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz…»
Todo lo referente al diablo, al infierno, a las cadenas diabólicas, al combate espiritual, ha sido suprimido.
¿Por qué esta supresión sistemática?
Porque refleja una de las características más notorias de la teología postconciliar: la minimización o eliminación de la doctrina sobre el diablo, el infierno y la lucha espiritual.
La mentalidad optimista, antropocéntrica e inmanentista que dominó en los años 60-70 consideraba estas realidades como «medievales», «morbosas», «obsoletas».
Se quería una liturgia «positiva», centrada en la «celebración de la comunidad», no en la lucha contra el mal.
Esta tendencia ha tenido consecuencias pastorales desastrosas:
- Pérdida de la conciencia del pecado
- Desaparición de la práctica de la confesión
- Abandono de la predicación sobre el juicio final y el infierno
- Negligencia respecto a la realidad de la tentación diabólica
- Declive de la práctica del exorcismo
El Catecismo de la Iglesia Católica (1992) tuvo que reafirmar explícitamente estas verdades olvidadas:
«El diablo y los demás demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos…
La Escritura atestigua la influencia nefasta de aquel a quien Jesús llama ‘homicida desde el principio’ (Jn 8,44) y que incluso intentó apartarlo de la misión recibida del Padre (cf Mt 4, 1-11).
‘El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del diablo’ (1 Jn 3,8).» (CIC 391, 394)
«El infierno es la separación eterna de Dios… La enseñanza de la Iglesia afirma la existencia del infierno y su eternidad.
Las almas de los que mueren en estado de pecado mortal descienden a los infiernos inmediatamente después de la muerte y allí sufren las penas del infierno, ‘el fuego eterno’ (cf DS 76; 409; 411; 801; 858; 1002; 1351; 1575; SPF 12).» (CIC 1035)
La supresión de estas referencias en la Plegaria Eucarística II refleja y ha contribuido a la erosión de estas verdades de fe en la conciencia católica contemporánea.
Es sintomático que la única referencia que se conserva («para destruir la muerte») es la menos «ofensiva» para la mentalidad moderna.
La muerte puede entenderse de manera naturalista o abstracta; el diablo y el infierno son mucho más concretos, personales y perturbadores.
- La supresión de «liberar del sufrimiento a los que creen en Ti»
La anáfora hipolítica dice que Cristo «extendió sus manos cuando sufrió para liberar del sufrimiento a los que creen en Ti».
Esta frase ha sido completamente eliminada en la Plegaria Eucarística II.
¿Por qué? Porque enfatiza demasiado claramente:
- La necesidad de la fe explícita en Cristo para la salvación
- El carácter soteriológico (salvífico) específico de la Pasión
- Que la liberación es del sufrimiento (incluyendo el sufrimiento del infierno y del pecado)
La mentalidad ecuménica postconciliar prefiere fórmulas más vagas que no excluyan tan claramente a los no creyentes.
- La simplificación de «establecer la alianza»
La anáfora menciona que Cristo vino a «establecer la alianza» (terminum figat en latín, que también puede traducirse como «fijar el término» o «establecer el límite»).
Esta referencia se pierde completamente en la Plegaria II, aunque reaparece de manera diferente en las palabras de la consagración («Sangre de la alianza nueva y eterna»).
Bouyer relata que estos «fanáticos que querían arqueologizar a toda costa… hubieran querido suprimir de la plegaria eucarística el Sanctus y las intercesiones, tomando tal cual la eucaristía de Hipólito».
Finalmente prevaleció el sentido común (o al menos un mínimo de prudencia) y se decidió añadir el Sanctus, porque su eliminación habría sido demasiado escandalosa y evidentemente rupturista.
Pero el hecho mismo de que se contemplara seriamente su eliminación revela la mentalidad revolucionaria que animaba a un sector del Consilium.
El Sanctus es una de las aclamaciones más antiguas y universales de la liturgia cristiana, atestiguada desde el siglo II, basada en Isaías 6:3 y Apocalipsis 4:8. Su eliminación habría sido un acto de vandalismo litúrgico sin precedentes.
- El Vere Sanctus: «Por casualidad descubrí»
Después del Sanctus, la Plegaria II incluye: «Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad…»
Bouyer admite con asombrosa franqueza que esta fórmula la encontró «por casualidad» en algún escrito que le pareció «si no del mismo Hipólito, al menos de su estilo».
Es decir, no estaba en la anáfora hipolítica. Bouyer la tomó de otra fuente no identificada porque necesitaba una transición entre el Sanctus (que acababan de añadir) y la epíclesis.
Un elemento central de una plegaria eucarística de uso universal fue incluido porque Bouyer «por casualidad» encontró una fórmula que le pareció útil.
- Las intercesiones: «Más dignas de Paul Reboux que de su propia ciencia»
La anáfora hipolítica, según la reconstrucción, no incluye intercesiones específicas por el Papa, el obispo local, los difuntos, etc. Solo tiene una epíclesis de comunión general.
La Plegaria Eucarística II, en cambio, incluye intercesiones detalladas por:
- La Iglesia universal
- El Papa
- El obispo local
- Los pastores
- Los difuntos
- Los santos
Bouyer revela que estas intercesiones fueron «fabricadas» por Dom Botte en la trattoria del Trastevere, y añade con ironía mordaz que son «más dignas de Paul Reboux y de su À la manière de… que de su propia ciencia».
Paul Reboux fue un escritor francés famoso por su serie À la manière de… (A la manera de…), donde parodiaba el estilo de escritores famosos. Era esencialmente una broma literaria.
Bouyer está diciendo que las intercesiones de la Plegaria II son una parodia, una imitación superficial del estilo de las intercesiones tradicionales, no fruto de una meditación profunda de la Tradición.
- La aclamación memorial: Innovación postconciliar
Después de las palabras de la consagración, la Plegaria II introduce una aclamación del pueblo: «Éste es el Sacramento de nuestra fe» seguida de la respuesta: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!»
Esta aclamación no existe en la anáfora hipolítica ni en ninguna liturgia antigua. Es una innovación del siglo XX.
Aunque en sí misma no es herética, representa un cambio de enfoque: interrumpe el Canon con una intervención activa del pueblo, rompiendo el flujo continuo de la oración sacerdotal dirigida al Padre.
Refleja la obsesión postconciliar con la «participación activa» entendida como verbalización constante, más que como participación interior y contemplativa.
E. Análisis comparativo: Cambios teológicos sutiles pero significativos
- Las palabras de la consagración del pan
Anáfora hipolítica:
«Tomad, comed, éste es mi cuerpo, que es roto por vosotros.»
Plegaria Eucarística II:
«Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros.»
El cambio de «roto» (confringetur) a «entregado» (tradetur) es significativo.
«Roto» evoca más vívidamente la violencia de la Pasión, el cuerpo físicamente destrozado de Cristo. «Entregado» es más suave, más abstracto.
Además, la anáfora hipolítica usa presente («es roto»), mientras que la Plegaria II usa futuro («será entregado»), lo cual teológicamente es menos preciso.
En el momento de la consagración, el sacrificio se hace presente; el uso del futuro debilita esta inmediatez sacramental.
- Las palabras de la consagración del cáliz
Anáfora hipolítica:
«Ésta es mi sangre que es derramada por vosotros.»
Plegaria Eucarística II:
«Éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados.»
Aquí la Plegaria II es más elaborada y teológicamente más completa que la anáfora hipolítica, porque incorpora elementos de los relatos evangélicos y de la tradición litúrgica latina:
- «Cáliz de mi Sangre» (Lc 22:20; 1 Cor 11:25)
- «Alianza nueva y eterna» (Jer 31:31; Heb 13:20)
- «Por vosotros y por muchos» (Mt 26:28; Mc 14:24)
- «Para el perdón de los pecados» (Mt 26:28)
Estos añadidos son positivos y ortodoxos. Sin embargo, hay que notar que constituyen una elaboración respecto a la supuesta fórmula «primitiva», lo cual contradice el principio arqueologista de volver a formas simples.
Además, la traducción «por muchos» (pro multis) ha generado controversia. Muchas traducciones vernáculas usaron inicialmente «por todos» en lugar de «por muchos», introduciendo una ambigüedad teológica.
Aunque Cristo murió suficientemente por todos, su sacrificio es eficazmente aplicado a «muchos» (los que lo aceptan).
Solo en 2006 la Santa Sede ordenó corregir las traducciones erróneas.
- La epíclesis: Cambio de énfasis
Anáfora hipolítica:
«Y te rogamos que tengas a bien enviar tu Santo Espíritu sobre el sacrificio de la Iglesia. Une a todos los santos y concede a los que lo reciban que sean llenos del Espíritu Santo, fortalece su fe por la verdad.»
Plegaria Eucarística II:
«Por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que sean para nosotros el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo… Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.»
La anáfora hipolítica enfatiza:
- El Espíritu enviado «sobre el sacrificio» (dimensión oblativa)
- «Fortalece su fe por la verdad» (dimensión de confirmación en la fe ortodoxa)
La Plegaria II enfatiza: - Santificación de los dones para la transubstanciación (correcto pero más «técnico»)
- «Congregue en la unidad» (dimensión eclesiológica horizontal)
El cambio es sutil pero real: se pasa de un énfasis en la dimensión sacrificial y en la confirmación en la verdad doctrinal, a un énfasis en la unidad de la comunidad. - Este cambio refleja la eclesiología postconciliar que tiende a ver la Eucaristía primariamente como «sacramento de unidad» de la comunidad, más que como sacrificio propiciatorio ofrecido a Dios.
- La anamnesis: «Pan de vida» versus «pan y cáliz»
Anáfora hipolítica:
«Recordando, pues, su muerte y su resurrección, te ofrecemos el pan y el cáliz.»
Plegaria Eucarística II:
«Así, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación.»
La anáfora hipolítica usa lenguaje simple y directo: «pan y cáliz». La Plegaria II añade calificativos: «pan de vida», «cáliz de salvación».
Estos añadidos son teológicamente apropiados (cf. Jn 6:35, 48), pero nuevamente representan una elaboración respecto a la supuesta forma primitiva.
