María libra a sus devotos de caer en el infierno


Domingo 25 de enero de 2026
María libra a sus devotos de caer en el infierno
1. María consigue que todos sus devotos se salven
El devoto de María que fielmente se encomienda a ella y le obsequia, no puede condenarse. Esta proposición, a alguno le puede parecer muy avanzada, pero a éste le rogaría que, antes de rechazarla, leyera antes lo que enseguida diremos
sobre este punto.
Al decir que un devoto de nuestra Señora no puede condenarse, excluimos a los falsos devotos que abusan de su pretendida devoción para pecar más impunemente.
Así que algunos, injustamente, desaprueban el ensalzar tanto la piedad de María con los pecadores, diciendo que así, éstos, luego abusan para pecar más.
Semejantes presuntuosos, por su temeraria confianza, merecen castigo, no misericordia.
Por tanto, ha de entenderse de aquellos devotos que, con deseo de enmendarse, son fieles en obsequiar a la Madre de Dios y encomendarse a ella.
Y decimos que éstos es moralmente imposible que se pierdan. Vemos que esto también lo ha dicho el Padre Crasset en su obra sobre la devoción a la Virgen María; y antes de él, Vega en su Teología Mariana, Mendoza y otros teólogos.
Y para comprender que éstos no han hablado a la ligera, veamos lo que han dicho los doctores y los santos.
No hay que extrañarse de que citemos testimonios tan parecidos unos a otros, pues hemos querido anotarlos todos para demostrar cuán concordes están sobre esto.
Dice san Anselmo que, como el que no es devoto de María y no está protegido por ella es imposible que se salve, así es imposible que se condene quien se encomienda a la Virgen y es mirado por ella con amor.
Lo mismo afirma san Antonio con similares palabras: “Como es imposible que se salve aquél de quien María aparte los ojos de su misericordia, así es necesario que se salven y vayan a la gloria aquellos hacia los que vuelve sus ojos rogando por ellos”.
Pero téngase en cuenta la primera parte de la proposición de estos santos, y tiemblen los que abandonan o menosprecian la devoción a esta divina Madre.
Dicen que es imposible que se salven aquellos que no son protegidos de María.
Esto lo afirman otros, como san Alberto Magno: “Todos, absolutamente todos los que no son tus siervos, se pierden necesariamente”, dice san Buenaventura: “El que la desprecie, morirá en sus pecados”. Y en otro lugar: “El que no te invoca en esta vida, no llegará al reino de Dios”.
Y en el salmo 99 llega a decir que no sólo no se salvará, sino que no existe ninguna esperanza de salvación para aquellos de los que María aparta el rostro.
Antes lo había dicho san Ignacio mártir afirmando que no puede salvarse un pecador, sino por medio de la Santísima Virgen, la cual, por el contrario, salva con su piadosa intercesión a muchos que, conforme a la justicia divina merecían ser condenados.
Algunos dudan si esta sentencia es de san Ignacio
mártir, pero, según el P. Crasset, sí lo ha dicho san Juan Crisóstomo, y también lo afirma el abad de Celles.
En este sentido aplica la Iglesia a María las palabras de los Proverbios “Los que me aborrecen, aman la muerte” (Pr 8, 36). Todos los que no me quieren, desean la muerte eterna.
Porque, como dice Ricardo de San Lorenzo comentando las palabras “viene a ser como nave de mercader” (Pr 31, 14), se verán anegados en el mar de este mundo, todos los que se encuentren fuera de esta nave.
Hasta el hereje Ecolampadio consideraba señal cierta de reprobación, la poca devoción de algunos hacia la Madre de Dios, por lo que decía: “Nunca se oirá de mí que estoy contra María, pues considero señal de condenación no tenerle afecto a ella”.
