QUE QUEDE CLARO


Domingo 18 de enero de 2026
Cuando golpeas a tu mujer o a tu marido, estás destruyendo a la familia.
Cuando eres infiel y te andas encamando con otro u otra, estás destruyendo a la familia.
Cuando abandonas a tu hijo y lo dejas huérfano en la calle, haciéndolo ilegítimo, con la madre soltera o con la abuela, estás destruyendo a la familia.
Cuando eres adicto al alcohol, a la droga, al porno, al juego, estás destruyendo a la familia.
Cuando te quejas de la prostitución de día por la moral y la consumes de noche por la calentura, estás destruyendo la familia.
Cuando te escondes en el baño para mirar porno y demás cochinadas y masturbarte y después hablas de pureza, estás destruyendo la familia.
Cuando le enseñas a tu hijo a tener sexo con cualquiera sin estar casado y le compras los preservativos o a tu hija le compras los anticonceptivos y piensas que los chicos son animalitos que sólo viven para sentir placer, estás destruyendo a la familia.
Cuando le pagas el aborto a tu hija para tapar «la deshonra» de un embarazo ante el que dirán y después te pones el pañuelo celeste, estás destruyendo a la familia.
Cuando no bautizas a tu hijo porque prefieres que de grande elija en que creer, estás destruyendo a la familia.
Cuando piensas que a los hijos sólo hay que darles lo material pero no educación, estás destruyendo a la familia.
Cuando crias hijos sin valores, maleducados, sin límites, malcriados, caprichosos, vagos, parásitos y que se la pasan durmiendo todo el día, estás destruyendo a la familia.
Cuando no te esfuerzas en imitar en la medida de lo posible el ejemplo de la Sagrada Familia, estás destruyendo la familia.
No es sólo culpa de las ideologías que quieren destruir a la familia, es la culpa de los malos cristianos, los malos curas, los malos padres y las malas madres de familia y los malos hijos, que no dan el ejemplo y después se las dan de moralistas.
LA AUTOCRÍTICA NO MUERDE.
