Colapso demográfico en Europa: el continente registra más muertes que nacimientos por primera vez desde la I Guerra Mundial


Domingo 18 de enero de 2026
Europa ha cruzado un umbral histórico. Por primera vez desde el final de la Primera Guerra Mundial, el continente registra más muertes que nacimientos, confirmando una crisis demográfica estructural que ya afecta a todos los países europeos, incluidos aquellos que durante décadas resistieron mejor el desplome de la natalidad.
Los datos, publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos de Francia (INSEE), revelan que en 2025 el saldo natural europeo fue negativo.
No se trata de un repunte excepcional de la mortalidad, sino del resultado combinado de una caída persistente de los nacimientos y una población cada vez más envejecida.
El caso francés ilustra con claridad esta tendencia: 651.000 fallecimientos frente a 645.000 nacimientos, lo que deja un saldo negativo de 6.000 personas.
Es la primera vez que Francia entra en terreno negativo desde 1918, un hito simbólico que refleja una dinámica continental.
Según el economista Peter Vanden Houte, de ING Bélgica, se trata de una evolución «lógica» tras décadas de transformaciones sociales.
Desde los años setenta, la generalización de la anticoncepción, el retraso en la maternidad y la reducción del número de mujeres en edad fértil han provocado un descenso estructural de la natalidad, mientras las generaciones del baby boom alcanzan edades avanzadas, incrementando el número de fallecimientos.
INSEE confirma que los nacimientos llevan cayendo casi de forma ininterrumpida desde 2007 y que el número medio de hijos por mujer ha descendido a niveles no vistos desde hace más de un siglo.
En paralelo, la mortalidad aumenta de forma sostenida incluso en ausencia de grandes crisis sanitarias.
Este patrón ya no se limita al sur del continente. Economistas y organismos internacionales advierten de que Europa oriental presenta hoy tasas de fecundidad incluso más bajas que España o Italia, desmontando el mito de que el declive demográfico era un problema regional.
La economista Beata Javorcik, del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, subraya que el envejecimiento acelerado es ahora visible en todo el continente.
Las consecuencias económicas ya se dejan sentir. La población activa se reduce a mayor velocidad que la población total, lo que lastra el crecimiento, tensiona los sistemas de pensiones y debilita la productividad.
Según el investigador Zsolt Darvas, del think tank Bruegel, todas las economías avanzadas se sitúan ya muy por debajo del nivel de reemplazo, en torno a 1,6 hijos por mujer.
Ni siquiera los modelos tradicionalmente presentados como ejemplo, como los países nórdicos, han logrado revertir la tendencia.
Las políticas sociales pueden amortiguar el descenso, pero no cambiar una dinámica que apunta a una Europa cada vez más vieja, menos numerosa y más dependiente.
