Una jugada de ajedrez hecha con explosivos


Martes 13 de enero de 2026
Pensemos en el estruendo de una bazuca derribando la puerta de la persona más intocable del país.
La mañana del 10 de enero de 1989 (y cuyas repercusiones sacudieron a México el día 11), el gobierno mexicano ejecutó el «Quinazo».
Joaquín Hernández Galicia, alias «La Quina», no era un simple líder sindical; era el dueño absoluto de PEMEX y un poder fáctico que desafiaba al Presidente. Carlos Salinas de Gortari, recién llegado al poder bajo la sombra de un fraude electoral, necesitaba un golpe de autoridad brutal para legitimarse.
El ejército no tocó la puerta; la voló. Rodearon la casa de «La Quina» en Ciudad Madero con tanquetas y soldados de élite.
Lo acusaron de acopio de armas y homicidio de un agente federal (cargos que muchos historiadores consideran sembrados o exagerados para justificar la detención).
Vieron salir esposado, en ropa interior y derrotado, al hombre que ponía y quitaba gobernadores.
El mensaje fue terroríficamente claro: se acabó el «Estado dentro del Estado».
El encarcelamiento de «La Quina» marcó el fin del viejo sindicalismo charro todopoderoso y el inicio de la era neoliberal en México.
Salinas demostró que estaba dispuesto a usar la fuerza militar para limpiar la casa (y el camino a la privatización).
Fue una jugada de ajedrez hecha con explosivos.
Basado en material de: «La herencia» de Jorge Castañeda y Periódicos de 1989. Edición protegida por @Asombroso
