Sociedad

Feminismo: amargura y resentimiento

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Martes 30 de diciembre de 2025

A menudo se nos presenta a Mary Wollstonecraft como la gran heroína que fundó el feminismo moderno.

Sin embargo, si analizamos su vida más de cerca, vemos que su legado no nace de una búsqueda imparcial de justicia, sino de una profunda amargura personal.

Sus ideas no surgieron de la observación objetiva, sino que fueron una proyección de sus propios traumas, causados principalmente por un padre abusivo.

Al intentar transformar su dolor personal en una teoría política para todo el mundo, Wollstonecraft sentó las bases de un movimiento que, desde el principio, optó por ver al hombre como un enemigo en lugar de reconocer que ambos sexos se complementan naturalmente.

“Este rencor contra el hombre se explica por su triste infancia, trauma que tal vez nunca pudo superar… Su libro más influyente fue Una reivindicación de los derechos de la mujer (1792).

En este texto feminista clásico, acude a la filosofía social igualitaria del Iluminismo”, afirma Pablo Muñoz Iturrieta, en su libro Atrapado en el cuerpo equivocado.

La negación de la biología

Uno de los errores más graves que Wollstonecraft introdujo en el pensamiento occidental fue negar que existen diferencias biológicas reales entre hombres y mujeres.

Ella sostenía que si la mujer parecía «inferior» en algún aspecto, era solo por falta de educación y no por naturaleza.

Llegó incluso a especular erróneamente que, con las mismas condiciones sociales, la fuerza física de hombres y mujeres sería igual.

Esta postura ignora lo que hoy sabemos gracias a la ciencia: hombres y mujeres tienen capacidades distintas escritas en su ADN.

Por tanto, su filosofía intenta «rediseñar» al ser humano dándole la espalda a la biología.

“Wollstonecraft argumenta que la mujer no es naturalmente inferior al hombre, sino que esta es una apariencia debido a la carencia de educación.

El feminismo radical ya estaba en germen en sus teorías, especialmente al negar las diferencias biológicas y psicológicas entre el hombre y la mujer.

De acuerdo con esta teoría, Wollstonecraft especuló que, bajo las condiciones sociales adecuadas, la fuerza física del hombre y la mujer sería la misma”, comenta Pablo Muñoz Iturrieta, en su obra Atrapado en el cuerpo equivocado.

¿Igualdad o conveniencia? El problema de la «Primera Ola»

La llamada «primera ola» del feminismo suele presentarse como una lucha noble por el derecho al voto. Sin embargo, algunos autores sostienen que fue el inicio de un «gran fraude».

La contradicción radicaba en lo siguiente: mientras las activistas exigían los mismos derechos políticos y económicos que los hombres, no querían renunciar a los privilegios y protecciones legales que ya tenían por ser consideradas el «sexo débil».

Es decir, buscaban los derechos del hombre pero sin asumir sus obligaciones más duras, como ir a la guerra o realizar trabajos de alto riesgo.

“El feminismo, o, como es llamado a veces, la emancipación de la mujer, tal como la conocemos en la actualidad, puede ser acusado con razón como un gigantesco fraude… apelar a la teoría moderna de la misma capacidad mental de los sexos cuando se trata de una cuestión de derechos políticos y económicos y las ventajas para las mujeres, y de la contraapelación al sentimiento tradicional basado en la creencia en la inferioridad del sexo femenino cuando se trata de una cuestión de privilegio legal”, sostiene Ernest Belfort Bax, en su obra El fraude del feminismo.

Un movimiento excluyente

Además, la historia suele ocultar que este movimiento original estaba cargado de prejuicios que hoy nos parecerían inaceptables.

Aunque hablaban de libertad, las líderes sufragistas (por ejemplo, en Estados Unidos) fueron notablemente racistas, prohibiendo participar a mujeres que no fueran blancas.

Esto demuestra que su lucha no era por la dignidad de todos los seres humanos, sino por el poder de un grupo selecto.

“Hay que notar, sin embargo, que este movimiento fue notablemente racista, prohibiendo la asistencia de mujeres negras a cualquier marcha o demonstración y aclarando que los derechos por los cuales luchaban eran los derechos de la ‘mujer blanca’”, subraya Pablo Muñoz Iturrieta, en su libro Atrapado en el cuerpo equivocado.

Conclusión: El impacto en la familia

En resumen, la obra de Wollstonecraft y el feminismo de la primera ola no deberían celebrarse ciegamente.

Bajo esta perspectiva crítica, se pueden ver como el punto de partida de la destrucción de la familia tradicional.

Al atacar los roles naturales y restar importancia al hogar, se preparó el terreno para que el feminismo actual vea la maternidad como una carga y al hombre como un peligro.

Lo que empezó como un pedido de mejor educación ha derivado en una ideología que desprecia la naturaleza humana y busca que el Estado intervenga en nuestras relaciones más íntimas.

“El feminismo ha deformado, tergiversado y corrompido la esencia de los vínculos entre los sexos y, a continuación, su propia existencia, la dinámica de sus interacciones y el futuro de ellos, desde el momento en que encajona tales vínculos en el presunto dominio de los varones sobre las mujeres… es lo que llaman el patriarcado”, afitma R. Lamas Abad, en su libro Contra la dictadura violeta.

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