La Sagrada Familia y la palmera


Sábado 27 de diciembre de 2025
Una leyenda plasmada en los Evangelios apócrifos de Tomás nos cuenta, que cuando la Sagrada Familia huía a Egipto, María acalorada y fatigada del camino, reposaba bajo una palmera cargada de frutos.
«Yo quisiera –dijo–, si fuera posible, gustar de la fruta de este árbol».
«A mí –respondió José– lo que me inquieta es la falta de agua, porque nuestros odres están vacíos».
Dijo entonces el Niño Jesús a la palmera:
«Inclínate y da de tus frutos a mi madre».
La palmera se encorvó, quedando su copa a los pies de María; y cuando María y José hubieron arrancado los dátiles, Jesús ordenó de nuevo:
«Enderézate ahora, y abre y descubre tus raíces, para que brote el agua que éstas ocultan».
La palmera obedeció al instante y manó de sus raíces agua fresca y límpida.
Cuando los peregrinos reanudaron la marcha, el sendero desaparecía tras ellos como por encantamiento.
Llegaron por fin a una ciudad llamada Salín, donde no conocían a nadie: entraron en un templo y los trescientos sesenta y cinco ídolos que en él habían, cayeron en tierra hechos pedazos.
Los evangelios apócrifos son textos antiguos sobre Jesús y sus seguidores que no fueron incluidos en el canon bíblico oficial, conteniendo relatos alternativos, a menudo sobre la infancia de Jesús, María o detalles de la pasión, que llenan vacíos de los evangelios canónicos y revelan creencias del cristianismo primitivo.
Aunque no se ajustan siempre a la doctrina, son valiosos históricamente y literariamente, influyendo en el arte y la cultura popular
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