De Señorita México a viuda negra


Miércoles 17 de diciembre de 2025
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El 15 de diciembre de 1929 medio millón de personas siguieron el juicio por la radio encauzado contra una famosa homicida.
La gente se agolpaba en las calles y en los alrededores de la Cárcel de Belén no cabía ni un alma. Fue el último juicio abierto en México.
María Teresa Landa nació el 15 de octubre de 1910 en el seno de una familia acomodada que le brindó una exquisita educación, lo que hizo de ella una chica además de muy bella, muy culta.
La fama de María Teresa Landa comenzó desde sus 18 años, al convertirse en la primera Señorita México, certamen auspiciado por Excélsior, en mayo de 1928.
El cetro obtenido le valió viajar a otro certamen de belleza, representando a nuestro país esta vez en el ámbito internacional, en Galveston, Texas.

Ahí, no corrió con la misma suerte, pero estuvo llena de apretadas agendas y le llovieron ofertas de trabajo, las cuales rechazó, pues en México lo esperaba el hombre al que amaba con delirio, el general Moisés Vidal.
Pocos meses después, el 24 de septiembre de 1928, la pareja se unió en matrimonio.
La Señorita México 1928 cambió su mote por el de criminal, casi un año después, el 25 de agosto de 1929.
El periódico Excélsior esta vez no anunciaba una noticia de la hermosa mujer, pero sí de su esposo: Moisés Vidal estaba siendo acusado de bigamia y adulterio por su esposa María Teresa, más no Landa, la mujer se apellidaba Herrejón.
Resultó que el general, se había casado en Veracruz, en 1923, con otra mujer y además, tenía dos hijos. Como una ironía de la vida, ambas mujeres se llamaban María Teresa.

El bello rostro de la Señorita México se llenó de ira y el sentimiento de haber sido traicionada fue el que actuó.
Los reclamos no se hicieron esperar, María Teresa Landa lloraba, Vidal lo negaba todo.
No fue mucho el tiempo de discusión; María Teresa tomó de una mesita, la Smith & Wesson calibre 44 de su marido y le disparó en seis ocasiones, quitándole la vida. La prensa dio cuenta puntual de los fatales sucesos.
Después intentó quitarse la vida, pero ya había vaciado todo el cargador en el cuerpo de Moisés Vidal.
Al darse cuenta de lo que habia hecho, lloró desconsolada abrazando el cuerpo de su esposo.

El juicio del asesinato se llevó a cabo en la cárcel de Belén, donde Landa fue defendida por José María Lozano, ex ministro de instrucción pública de Victoriano Huerta y quien, por sus talentos en la oratoria, era apodado “El príncipe de la palabra”.
Durante cinco horas, Lozano se encargó de recordar célebres crímenes pasionales, elogió a la civilización occidental y presentó a su defendida como una víctima de la sociedad, de los abusos de un hombre e incapaz de controlar sus emociones por la traición.
El luto riguroso de María Teresa mostraba su arrepentimiento ante el jurado popular; en sus últimas palabras, confesó su crimen envuelta en el dolor, diciendo que un arrebato de locura, de celos, la había llevado a asesinar al hombre que amaba.
Durante las audiencias se expusieron todo tipo de testimonios, desde reales hasta fabricados.
En la reconstrucción de los hechos se ataco la reputación de María Teresa, quien para entonces ya se había ganado a la multitud y al jurado con su belleza triste enfundada en luto.

Un día y medio duro el juicio que al final la declaro inocente. La multitud rompió en vítores y fue sacada en hombros.
Tiempo después cuando se le pregunto si estaba arrepentida ella dijo: “Quien sabe», prefiero cultivar con sublime amor el recuerdo de Moisés ya muerto, que haberle odiado en vida por destrozarme lo mas caro en todo ser humano: El corazón”.
Tras el veredicto absolutorio, María Teresa se dedicó a la docencia, impartiendo la cátedra de Historia Universal en la Escuela Preparatoria Número uno de la Ciudad de México.
Nunca se volvió a casar y murió en 1992, transcurridos 63 años después del famoso juicio.
