Historia

Zúñiga y Miranda, el eterno aspirante

Spread the love

Martes 9 de diciembre de 2025

Hubo un personaje estrambótico parte del escenario del porfiriato, que los capitalinos creían no estaba bien de la cabeza.

El personaje era don Nicolás Zúñiga y Miranda y al buscarnos una imagen de este protagonista, nos percatamos que sólo hay una foto de aquel.

Vemos que don Nicolás Zúñiga y Miranda era un fulano alto, delgado, de mirada extraviada y bigote tupido que se le desparramaba en los labios.

En la mano derecha portaba un bastón y usaba guantes blancos. Sobre la cabeza, sombrero de copa y aura de hidalgo.

En 1896, se enfrentó por primera vez en las elecciones al dictador Porfirio Díaz, y perdería.

Zúñiga y Miranda no deja su obstinación de ser presidente de Méjico, ni en la cárcel, por participar en una conspiración, convirtiéndose en el que más veces se ha presentado a las elecciones en el país, con nueve oportunidades.

Su vida política transcurre paralela a la Bola de Zapata y Villa, época muy convulsa de la historia con seis presidentes distintos en llegar al poder.

Pero Zúñiga los enfrentará a todos ellos y perdería siempre. Se ganó a pulso un título de “El candidato perpetuo”, mientras se hundía entre demasiados graves problemas mentales, y sus contemporáneos observaban con asombro todas sus ocurrencias políticas y científicas.

Zúñiga y Miranda abogado de Zacatecas, propuso enseñar jiu jitsu al ejército mejicano, ya después se ofrecería para fungir como mediador con aquel ejército revolucionario a comienzos del siglo xx, y se ofreció para convocar cierta reunión de presidentes municipales, partidos y autoridades para poder analizar aquel efecto astrológico con que influyeran algunas estrellas, dijo, sobre aquella política internacional.

En una tenida espiritista invocaría a Aristóteles, a Alfonso XII, al káiser de Alemania, al rey de Inglaterra, y al zar de Rusia; para conseguir la paz en Europa.

“Esto se publicó en los periódicos de la época”, cuenta Rodrigo Borja el autor de la biografía de Nicolás Zúñiga y Miranda o El Candidato Perpetuo.

“Porfirio vio que Zúñiga no era peligro para él, y que su candidatura será válvula de escape para la tensión del país».

La clase política, lo tomaba más bien a broma. En la película Méjico de Mis Recuerdos, de 1944 de Juan Bustillo Oro, aparece el personaje de Zúñiga y Miranda.

Zúñiga, también se haría popular por construir la máquina que según él, predecía terremotos, el ‘Sismeono’.

“Predijo un temblor en aquella capital que se cumplió, y eso lo hizo famosísimo». «La predicción es como el burro que tocó la flauta” cita Rodrigo Borja.

“Predecirá el segundo temblor que Zúñiga dijo destruirá la Ciudad de Méjico y estallará el Popo y Peñón de los Baños. La gente entraría en pánico”.

El invento no funcionó y la turba acabo linchando a Zúñiga que dió con sus huesos al hospital.

Oriundo de Zacatecas, publicó sus reflexiones y del Club Nacional Zuñiguista, en periódicos propios: El Incensario, El Semanario Zuñiguista, La Voz Zuñiguista y El Mejicano.

En 1900 contra Porfirio Díaz, denunció ante ese Congreso mejicano fraude electoral y reclamaba que él era “Presidente legítimo de Méjico”.

La cara de Nicolás es parte del arte mejicano. Rivera le retrató en el cuadro Sueño de Una Tarde Dominical en la Alameda.

El candidato perpetuo está al lado derecho, saluda a Porfirio con su chistera en mano. “Está representado con este manifiesto del Club Político Zuñiguista, detrás.

«Nicolás mira a Porfirio, soñando con la presidencia. Diego lo incluye como burla a Porfirio Díaz”, nos explica este historiador Borja Torres.

En 1914 un año después de que Victoriano Huerta mandó asesinar a don Panchito, hubo elecciones y por primera vez en Ciudad de Méjico, Nicolás tuvo más votos que el presidente.

“La gente estaba tan enojada con Huerta que votarían por Zúñiga y Miranda”, relata el historiador.

Entra en las elecciones en 1896, 1900, 1904 y 1910 contra Díaz; contra Madero en 1911; Huerta en 1914; Carranza para 1917; Obregón en 1920 y Calles en 1924.

En 1925 y tras esa vida dedicada a la política, Nicolás murió a los 60 años, sumido en su locura y la pobreza.

Era indispensable y se echó de menos su obstinación.

En decadencia, Zúñiga y Miranda, acabó en una casa de huéspedes en calle Amargura, en La Lagunilla.

De aquel hombre del que sólo se hallara esta sola fotografía, continuó siendo un enorme enigma porque nunca se supo en que lugar fueron enterrados sus restos.

Rodrigo Borja nos comentaría que sus despojos pudieron ser trasladados para Zacatecas. “Y si lo piensas, Nicolás era un poco don Quijote” nos comentaría.

“Estaba siempre empeñado en deshacer entuertos, aunque acabara haciéndolos más grandes”.

Deja una respuesta