Historia

El Teorema de Pitágoras

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Sábado 6 de diciembre de 2025

Mucho antes de que su nombre quedara grabado en la historia de las matemáticas, Pitágoras fue protagonista de una anécdota que si hubiera llegado intacta hasta nuestros días, quizá habría hecho del teorema más famoso del mundo una historia imposible de olvidar.

Se decía que el filósofo pasaba más tiempo viajando que en su propio hogar.

Y durante esas ausencias, su esposa, Enusa, encontraba otra forma de llenar el silencio: recibía la visita de cuatro campesinos locales, llamados en la Grecia antigua catetos, encargados de trabajar la tierra.

Una tarde, Pitágoras regresó sin avisar y descubrió a los cinco en plena aventura clandestina.

La furia lo dominó. Y, en un arrebato del que jamás hablarían sus discípulos, decidió acabar con todos ellos.

Enterró los cuerpos en su jardín, un terreno perfectamente rectangular cuya longitud duplicaba el ancho.

Aun en la ira, Pitágoras no pudo evitar pensar como matemático: dividió el rectángulo en dos cuadrados iguales.

En uno enterró a Enusa. El otro lo fraccionó en cuatro partes idénticas, una para cada campesino.

Desde lo alto de una colina, observó la disposición geométrica recién creada.

Las tumbas, distribuidas con precisión casi ritual, parecían formar una figura que esperaba ser descifrada.

Y fue entonces cuando pronunció las palabras que —según esta versión humorística de la historia— cambiarían para siempre la enseñanza de la geometría:

“La suma de los cuadrados de los catetos es igual al cuadrado de… Enusa.”

Un remate que, sin duda, haría que cualquier estudiante recordara el Teorema de Pitágoras para toda la vida.

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