SUPUSO QUE YA ESTABA EN EL CIELO Y OMITIÓ ORACIONES Y MISAS POR SU ALMA


Martes 2 de diciembre de 2025
Los anales de la Orden de San Francisco (Cf. Rossign. Merv. 36.) hablan de un religioso al que por su eminente piedad lo habían apodado el Angélico.
Murió como santo en un convento de frailes menores en París; y uno de sus hermanos de la Orden, doctor en teología, convencido de que después de una vida tan perfecta él había ido directamente al Cielo y que no tenía necesidad de oraciones, omitió celebrar por él las tres Misas obligatorias según lo instituido para cada difunto.
- Transcurridos varios días, mientras caminaba meditabundo por un lugar solitario, el difunto se presentó ante él rodeado de llamas y le dijo con una voz lastimera: «Querido Maestro, le ruego que tenga piedad de mí.
- “¿Qué, Hermano Angélico, necesitas ayuda de mí?”
– Este último respondió: “Estoy atrapado en el fuego del Purgatorio y me he quedado esperando el fruto del Santo Sacrificio que ibas a ofrecer tres veces por mí”. - “Querido hermano, pensé que ya estabas en posesión de la Gloria. Después de una vida ferviente y ejemplar como la tuya, no podía imaginar que aún tuvieses que soportar algún dolor.”
– El difunto contestó: “Desgraciadamente, nadie se imagina lo severo que Dios juzga y castiga a su criatura. Su Infinita Santidad descubre en nuestras mejores acciones, lados defectuosos, imperfecciones que le desagradan. Nos hace rendir cuentas hasta del último céntimo”.
