Va mi espada en prenda…


Jueves 27 de noviembre de 2025
Un dia 25 de noviembre, pero del año de 1812 fue la toma de la ciudad de Oaxaca, donde Eugenio Aguirre hace una síntesis de un evento histórico ocurrido durante la batalla, reseñando el papel jugado por Guadalupe Victoria.
Sea pues el siguiente: Corría el 25 de noviembre de 1812. El clamor producido por 5,000 hombres con 40 cañones, reunidos en el cuartel general del general José María Morelos y Pavón, era de nerviosismo.
Compartía por primera vez el mismo espacio con algunos jefes del movimiento insurgente: Matamoros; los Galeana; don Manuel y Víctor Bravo; Vicente Guerrero; don Manuel Mier y Terán y, por supuesto, don José María Morelos y Pavón, quien nos dió instrucciones para coordinar el ataque a la ciudad de Oaxaca.
Se distribuyeron los cuerpos del ejército insurgente según sus capacidades y eficiencia, tomando en cuenta los recursos defensivos de la guarnición de Oaxaca, comandada por el teniente general realista don Antonio González Saravia.
Morelos dispuso que se atacaran los templos de la Soledad, Santo Domingo, del Carmen y San Agustín, fortalezas que se habrían de tomar a fuerza de espada, en una lucha frontal, cuerpo a cuerpo.
Salimos de la tienda de campaña. Hay un olor permanente a pólvora mezclado con los humores de las fritangas.
Los gritos, las órdenes, los toques de clarín provocan movimientos entre la soldadesca.
Me reuní con mis hombres, un batallón de veteranos de Cuautla, y les transmití las órdenes del general Morelos: atacaríamos la muralla por el lado sur, en un lugar conocido como Juego de Pelota, justo donde se ubica un puente levadizo que era indispensable tomar.
Se iniciaron las primeras cargas. Avanzaron los insurgentes con sus hombres hasta encontrar el foso. Los realistas los bañaron con el fuego graneado de sus cañones; muchos de los insurgentes cayeron y vieron que los otros titubeaban.
El foso era profundo y los hombres no se atrevían a aproximarse debido a lo nutrido del fuego.
Las campanas de Santo Domingo y El Carmen anunciaban la victoria de los nuestros; eso me indicaba que estábamos retrasados.
Me lancé sobre el foso y, con una fuerza inusitada, arrojé el acero hasta la orilla contraria.
Cayó justo debajo de las cuerdas que sostienen el puente.
Entonces, con frialdad, enfrenté a los realistas y les grito: «¡Va mi espada, en prenda, voy por ella!».
Cómo fui capaz de arrojarme al foso y cruzarlo a nado, no lo sé. Nunca antes había nadado.
Sin embargo, ahí estaba: alcancé la orilla y el ánimo de mis soldados volvió a encenderse cuando corté las amarras que sostenían el puente.
No tardamos en hacer huir a los realistas para quedar dueños de la fortificación.
La pérdida de Oaxaca significó un fuerte golpe al gobierno colonial, porque le dio un gran prestigio militar a Morelos, así como una posición geográfica privilegiada, debido a las carreteras y ciudades que podrían ser controladas desde ese sitio.
Debido a su éxito en Oaxaca, el Congreso de Chilpancingo lo nombró General Brigadier y le concedió el mando del ejército insurgente en Veracruz.
Al mismo tiempo, José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix decidió cambiar su nombre por el de Guadalupe, por su devoción a la Virgen de Guadalupe, y Victoria, por la victoria que obtuvieron.
