Religión

EL DEBER CRISTIANO DE AMAR A LA PATRIA

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Miércoles 26 de noviembre de 2025

Por Monseñor Jaime Mercant Simó

Desconfíen ustedes de aquellos que, presentándose como “cristianos auténticos”, presumen de no tener amor a la patria, como si dicho amor restara pureza al amor a Dios, a la Iglesia y al Evangelio.

Santo Tomás de Aquino enseña, por el contrario, que el amor a la patria no es otra cosa que una extensión del amor y piedad a los padres, estando incluido, por lo tanto, en el cuarto mandamiento de la Ley de Dios: «después de Dios, a los padres y a la patria es a quienes más debemos» (Suma Teológica II-II, q. 101, art. 1, co.).

En este sentido, el cardenal Isidro Gomá, explica que el amor a la madre patria «es la manifestación más profunda y rica del instinto social y, después del Sumo Bien, es el bien máximo de todo hombre».

Efectivamente, amar y honrar a la patria es un deber de todo cristiano, porque se la ama en razón del bien común, el cual, como sentencian Aristóteles y santo Tomás, «es mayor más divino que el bien particular».

Así, pues, únicamente desde esta perspectiva puede entenderse el sacrificio individual por el bien superior y común de la patria.

Sin embargo, el hecho de dar la vida por la patria no es una pura abstracción retórica, sino que implica un amor oblativo por todas las familias y por todos los conciudadanos, no sólo los presentes, sino también los pasados y futuros, puesto que la patria no es algo sincrónico, que se limite al momento presente, sino una entidad diacrónica que supone una identidad tradicional que abarca todas las épocas en su única unidad de destino.

Asimismo, cabe decir que dicho amor patrio debe ser más espiritual que sensible. Por esta razón, el verdadero amor a la patria no está disociado del espíritu crítico, sino todo lo contrario; un amor patrio ciego y meramente sensiblero no sería otra cosa que un patrioterismo superficial y estéril, como muy bien asevera José Antonio Primo de Rivera:

«Porque yo os digo que no hay patriotismo fecundo si no llega a través del camino de la crítica. Y os diré que el patriotismo nuestro también ha llegado por el camino de la crítica. A nosotros no nos emociona, ni poco ni mucho, esa patriotería zarzuelera que se regodea con las mediocridades, con las mezquindades presentes de España y con las interpretaciones gruesas del pasado. Nosotros amamos a España porque no nos gusta. Los que aman a su patria porque les gusta la aman con una voluntad de contacto, la aman física, sensualmente. Nosotros la amamos con una voluntad de perfección. Nosotros no amamos a esta ruina, a esta decadencia de nuestra España física de ahora. Nosotros amamos a la eterna e inconmovible metafísica de España» (19 de mayo de 1935).

NOTA DE LA REDACCIÓN: Lo que nuestro editorialista, el Padre Jaime Mercant Simó, argumenta del amor que todo cristiano debe a su patria, lo hace desde su perspectiva de ciudadano español, pero aplica perfectamente para personas de cualquier nacionalidad.

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