¿SE LES HIZO FÁCIL?


Viernes 24 de octubre de 2025
Lo que parecía una simple decisión técnica terminó convirtiéndose en un escándalo interno que sacudió los cimientos del vestidor celeste justo antes del Clásico Joven.
Horas antes de enfrentar al América, las redes de Cruz Azul se incendiaron al conocerse que Kevin Mier y Willer Ditta, dos nombres prácticamente intocables en el esquema de Larcamón, no aparecerían como titulares.
El desconcierto fue inmediato. Algunos pensaron en una lesión de último momento, otros imaginaron una jugada táctica arriesgada del técnico argentino. Pero la realidad fue otra, mucho menos táctica y mucho más preocupante: ambos jugadores llegaron tarde.
Sí, tarde. No a una comida, ni a una firma de autógrafos, sino al reinicio de la concentración previa al partido más importante de la fase regular.
Perdieron el vuelo de regreso tras su participación con la selección de Colombia y se presentaron hasta el viernes, apenas 24 horas antes del Clásico. Un error que, más allá de lo logístico, revela una falta de compromiso alarmante.
Mientras tanto, su compatriota Álvaro Angulo, de Pumas, llegó sin excusas, se presentó el miércoles y entrenó con normalidad.
Esa comparación bastó para encender la molestia en la directiva y el cuerpo técnico. En un equipo que intenta reconstruir su identidad, estas actitudes no sólo rompen la disciplina, sino que también erosionan la confianza interna.
Larcamón, consciente de la magnitud del duelo, consultó con los altos mandos, y la respuesta fue clara: la disciplina no se negocia.
La decisión fue inmediata: Mier y Ditta al banquillo, acompañada de una multa económica según el reglamento interno. Una sanción justa, sí, pero también un mensaje contundente: en Cruz Azul nadie está por encima del escudo.
El gesto del cuerpo técnico fue tan necesario como valiente. En un entorno donde muchas veces se perdona el talento y se olvida la responsabilidad, Larcamón optó por poner el ejemplo antes que la conveniencia.
Porque si algo ha castigado históricamente a La Máquina, ha sido esa costumbre de permitir pequeños actos de indisciplina que luego se convierten en grietas gigantes.
Y más allá del castigo, este episodio deja al descubierto una verdad incómoda: a algunos jugadores les sigue costando entender lo que significa vestir la camiseta de Cruz Azul.
No se trata sólo de rendir en la cancha, sino de vivir con la conciencia de que se representa a una afición que exige, que sufre, que no olvida.
Perder un vuelo puede parecer un accidente, pero cuando se da en el contexto de un clásico, deja de ser un error logístico y se convierte en una falta de respeto.
En clubes grandes, las excusas no valen; y menos cuando hay miles de aficionados esperando ver compromiso, hambre y profesionalismo.
Hoy, tanto Mier como Ditta deben asumir que su puesto ya no está asegurado. El mensaje es claro: el que no respeta la camiseta, se sienta; el que no cumple, paga.
Y quizá, después de mucho tiempo, Cruz Azul empieza a entender que para volver a ser un grande, primero hay que comportarse como tal.
Porque el talento gana partidos… pero la disciplina y la seriedad, esas que se reflejan en los pequeños detalles, son las que construyen la historia de los verdaderos campeones.
