¿LA IGLESIA VENDIÓ INDULGENCIAS, Y POR ESO SE DIO LA REFORMA PROTESTANTE?


Jueves 23 de octubre de 2025
Lamentablemente, hasta católicos devotos creen que es verdad que la Iglesia vendió indulgencias, y que eso fue lo que escandalizó a Lutero, con lo cual no le quedó otro camino que lanzar su reforma. Pero eso no es más que otra leyenda negra, en contra de la Iglesia Católica.
En 1515 el Papa León X promulgó una bula, con el fin de recaudar fondos para la construcción de la Basílica de San Pedro. No se trataba de una imposición, ni de una venta de ningún tipo, sino de una manera de solicitar un apoyo económico, para la construcción de la Basílica.
De esa forma, los fieles que quisieran dar su aporte tenían la opción de ganar una indulgencia, para la cual, además de enterar su limosna, también debían hallarse en estado de gracia, o sea que debían confesarse, y comulgar, además de no estar en ninguna clase de situación irregular.
En otras palabras, dar una limosna para la construcción de la Basílica no otorgaba indulgencias de forma automática, y además era cosa voluntaria. Nunca hubo venta alguna de indulgencias por parte de la Iglesia.
¿Hubo abusos y casos de corrupción? Sí, siempre hay quienes llevan su propia agenda en mente. Siempre hay seres mezquinos que, muy al estilo del Iscariote, al verse administrando dinero, no desaprovechan para abusar de su autoridad y apropiarse de lo ajeno.
Sin embargo, esa no fue la norma en toda la Iglesia, ni fueron todos los sacerdotes los que cayeron en esos abusos. Como siempre, se trató de sólo unos pocos.
Además, esas vergonzosas prácticas de unos pocos no desvirtuaban el propósito original de la bula papal, ni echaban por tierra el trabajo de los sacerdotes honestos, ni las intenciones de los feligreses que daban sus aportes, para la construcción de la Basílica de San Pedro.
Lo de la venta de indulgencias fue una mentira fabricada por el protestantismo y los príncipes alemanes, para justificar su rebeldía contra la Iglesia Católica.
La “reforma” protestante no nació debido a ningún celo doctrinal. Todo fue por meras razones económicas. Los príncipes alemanes ya no querían seguir apoyando a la Iglesia. Querían que el dinero se quedara todo con ellos, y para eso necesitaban un motivo que les facilitara el desentenderse del Vaticano.
Supieron de un monje rebelde, que interpretaba la bula de León X a su manera, y que criticaba a la Iglesia por una generalizada venta de indulgencias, que sólo sus ojos podían ver. Lutero fue el pretexto de oro para los príncipes alemanes.
¿LUTERO EMPEZÓ CON LAS DOCTRINAS DE LA REFORMA EL DÍA QUE ROMPIÓ CON LA IGLESIA?
Habiendo roto con la Iglesia, una de las primeras cosas que Lutero hizo fue casarse. También comenzó su cruzada personal contra el Papa, contra el Purgatorio, contra la confesión, y otras doctrinas católicas.
Lutero fue el que inició con el asunto de la salvación instantánea, para la cual basta la “sola fe”, sin necesidad de sacramentos, ni de pertenecer a ninguna Iglesia.
Lutero fue el que empezó con aquello de “sólo la biblia”, alejándose de todos los documentos del Magisterio.
Él fue el que hizo la pésima interpretación del pasaje de Apocalipsis sobre la ramera, en donde él dijo que la ramera era la Iglesia Católica.
Y también Lutero fue el que revivió el tema de los siete libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento, cosa que había sido problema del judaísmo, y que Lutero forzó para volverlo problema del cristianismo, o más bien del protestantismo.
Hasta quiso arrancar de la biblia el libro del Apocalipsis, así como la epístola de Santiago, ya que no consideraba que el primero fuera un libro inspirado; y al segundo lo llamó “epístola de paja”, debido a que esa carta condenaba sus erróneas doctrinas.
Como puede verse, Lutero ya tenía preparada una larga lista de pretextos para salirse de la Iglesia.
Desde hacía tiempo ya no quería ser célibe, y por eso le urgía desprenderse de la Iglesia, pero no lo iba a hacer de manera que todos vieran su fracaso como monje, sino que presentó una serie de excusas, a las cuales disfrazó de “correcciones” doctrinales, con el fin de disimular su separación y su rebeldía.
Lutero ya tenía mucho tiempo rumiando todas esas cosas contra la Iglesia, mucho antes de que León X promulgara su bula.
Los príncipes alemanes le dieron la oportunidad de alzarse como la gran figura rebelde, y Lutero no hizo más que aprovechar la ocasión.
Después de todo, no se puede esperar mucho de una vocación falsa como la de Lutero, que se metió a monje sólo porque, durante una tormenta eléctrica, creyó que uno de los rayos lo mataría, y por eso prometió volverse monje si la tormenta pasaba sin hacerle daño.
Fue una “vocación” movida por el miedo, o sea una vocación falsa.
La Iglesia no engañó a nadie para sacar dinero, ni prometió la entrada al cielo a cambio de oro.
Es verdad que muchas de las edificaciones que hoy vemos en El Vaticano, como las Basílicas, o la Plaza de San Pedro, fueron construidas a partir de dinero de los fieles, pero fueron aportes que los fieles donaron por su propia voluntad, sin coacciones, ni amenazas; sin promesas falsas, ni trucos.
En aquel tiempo Lutero, por meras razones personales, se empeñó en entender las cosas de otro modo, para tener un pretexto que respaldara su rebeldía.
Hoy tenemos a muchos que, emulando a Lutero, se empeñan en seguir viendo las cosas a su modo, porque encuentran más importante el mantenerse como rebeldes, que descubrir y, sobre todo, aceptar la verdad.
