Historia

El perro cuya tumba es más grande que la de su amo

Spread the love

Domingo 19 de octubre de 2025

El año era 1808. Byron, el famoso poeta, tenía apenas 20 años cuando Boatswain, su Terranova, contrajo rabia después de ser mordido por un perro infectado.

En aquella época, la rabia era una sentencia de muerte garantizada tanto para animales como para humanos.

Byron sabía el peligro. Sabía que un solo mordisco lo condenaría.

Y aun así, con sus propias manos desnudas, limpió la espuma de la boca de Boatswain durante sus convulsiones. Sin miedo. Sin vacilación. Lo alimentó directamente. Lo cuidó hasta el último suspiro, y el perro no mostró agresión.

Cuando Boatswain murió, Byron estaba devastado. Encargó un monumento de mármol que colocó en el lugar donde habría estado el altar de la Abadía de Newstead, su hogar ancestral.

Este era el único proyecto de construcción que Byron, profundamente endeudado, realizó durante su tiempo en Newstead.

Y en ese monumento grabó palabras que siguen conmoviendo corazones más de 200 años después:

«Cerca de este lugar
se depositan los restos de
quien poseyó belleza sin vanidad,
fuerza sin insolencia,
coraje sin ferocidad
y todas las virtudes del hombre sin sus vicios.
Esta alabanza, que sería una simple adulación
si se inscribiera sobre cenizas humanas,
no es más que un justo homenaje a la memoria de Boatswain…»

El epitafio continúa con versos demoledores que contrastan la lealtad del perro con la hipocresía humana.

Byron declaró que Boatswain era «el primer amigo en dar la bienvenida, el primero en defender» y concluyó amargamente: «En toda mi vida conocí solo un verdadero amigo. Y aquí yace.»

La historia se vuelve aún más conmovedora: en 1811, Byron ejecutó un testamento donde solicitó ser enterrado junto a Boatswain en la misma tumba, contra el consejo de sus abogados.

Este monumento permanece en Newstead Abbey hasta hoy, más grande y más elaborado que la propia tumba de Byron.

Deja una respuesta