Religión

EL JURAMENTO ANTIMODERNISTA

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Miércoles 8 de octubre de 2025

¿QUÉ ES?

Promulgado por Su Santidad el papa San Pío X en 1910 mediante el Motu Proprio «Sacrorum Antistitum», como baluarte contra los errores del Modernismo, condenado como «la síntesis de todas las herejías».

Fue una exigencia para «todo el clero, los pastores, confesores, predicadores, superiores religiosos y profesores de filosofía y teología en seminarios».

Y, como no podía ser de otra manera, fue abolido por Pablo VI.

Quien vaya contra este juramento, va contra la Iglesia, le declara la guerra a la Esposa de Cristo y al propio Cristo.

EL JURAMENTO

Yo N. N. abrazo y recibo firmemente todas y cada una de las verdades que la Iglesia por su magisterio,  que no puede errar, ha definido, afirmado y declarado, principalmente  los textos de doctrina que van directamente dirigidos contra los errores  de estos tiempos.

· En primer lugar, profeso que Dios, principio y fin de todas las cosas puede ser conocido y por tanto también demostrado de  una manera cierta por la luz de la razón, por medio de las cosas que  han sido hechas, es decir por las obras visibles de la creación, como la  causa por su efecto.

· En segundo lugar, admito y reconozco los argumentos externos de la revelación, es decir los hechos divinos, entre los cuales en primer lugar, los milagros y las profecías,  como signos muy ciertos del origen divino de la religión cristiana. Y  estos mismos argumentos, los tengo por perfectamente proporcionados a la  inteligencia de todos los tiempos y de todos los hombres, incluso en el  tiempo presente.

· En tercer lugar, creo también con fe firme que la Iglesiaguardiana y maestra de la palabra revelada, ha sido instituida de una  manera próxima y directa por Cristo en persona, verdadero e histórico,  durante su vida entre nosotros, y creo que esta Iglesia esta edificada  sobre Pedro, jefe de la jerarquía y sobre sus sucesores hasta el fin de  los tiempos.

· En cuarto lugar, recibo sinceramente la doctrina de la fe que  los Padres ortodoxos nos han transmitido de los Apóstoles, siempre con  el mismo sentido y la misma interpretación. Por esto rechazo  absolutamente la suposición herética de la evolución de los dogmas, según la cual estos dogmas cambiarían de sentido para recibir uno  diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio. Igualmente,  repruebo todo error que consista en sustituir el depósito divino  confiado a la esposa de Cristo y a su vigilante custodia, por una  ficción filosófica o una creación de la conciencia humana, la cual,  formada poco a poco por el esfuerzo de los hombres, sería susceptible en  el futuro de un progreso indefinido.

· En quinto lugar: mantengo con toda certeza y profeso  sinceramente que la fe no es un sentido religioso ciego que surge de las  profundidades del subconsciente, bajo el impulso del corazón y el  movimiento de la voluntad moralmente informada, sino que un verdadero  asentimiento de la inteligencia a la verdad adquirida extrínsecamente,  asentimiento por el cual creemos verdadero, a causa de la autoridad de  Dios cuya veracidad es absoluta, todo lo que ha sido dicho, atestiguado y  revelado por el Dios personal, nuestro creador y nuestro Señor.  Más  aún, con la debida reverencia, me someto y adhiero con todo mi corazón a  las condenaciones, declaraciones y todas las prescripciones contenidas  en la encíclica Pascendi y en el decreto Lamentabili sane exitu, especialmente aquellas concernientes a lo que se conoce como la historia de los dogmas.

· Rechazo asimismo el error de aquellos que dicen que la fe  sostenida por la Iglesia contradice a la historia, y que los dogmas  católicos, en el sentido en que ahora se entienden, son irreconciliables  con una visión más realista de los orígenes de la religión cristiana.

· Condeno y rechazo la opinión de aquellos que dicen que un  cristiano bien educado asume una doble personalidad, la de un creyente y  al mismo tiempo la de un historiador, como si fuera permisible para una  historiador sostener cosas que contradigan la fe del creyente, o  establecer premisas las cuales, provisto que no haya una negación  directa de los dogmas, llevarían a la conclusión de que los dogmas son o  bien falsos, o bien dudosos.

· Repruebo también el método de juzgar e interpretar la Sagrada  Escritura que, apartándose de la tradición de la Iglesia, la analogía de  la fe, y las normas de la Sede Apostólica,  abraza los errores de los racionalistas licenciosamiente y sin  prudencia abrazan la crítica textual como la única y suprema norma.

· Rechazo también la opinión de aquellos que sostienen que un  profesor enseñando o escribiendo acerca de una materia  histórico-teológica debiera primero poner a un costado cualquier opinión  preconcebida acerca del origen sobrenatural de la tradición católica o  acerca de la promesa divina de preservar por siempre toda la verdad  revelada; y de que deberían interpretar los escritos de cada uno de los  Padres solamente por medio de principios científicos, excluyendo toda  autoridad sagrada, y con la misma libertad de juicio que es común en la  investigación de todos los documentos históricos ordinarios.

· Declaro estar completamente opuesto al error de los modernistas  que sostienen que no hay nada divino en la sagrada tradición; o, lo que  es mucho peor, decir que la hay, pero en un sentido panteísta, con el  resultado de que no quedaría nada más que este simple hecho—uno a ser  puesto a la par con los hechos ordinarios de la historia , a saber, el  hecho de que un grupo de hombres por su propia labor, capacidad y  talento han continuado durante las edades subsecuentes una escuela  comenzada por Cristo y sus apóstoles.

· Prometo que he de sostener todos estos artículos fiel, entera y  sinceramente, y que he de guardarlos inviolados, sin desviarme de ellos  en la enseñanza o en ninguna otra manera de escrito o de palabra. Esto   prometo, esto juro, así me ayude Dios, y estos santos Evangelios [que  toco con mi mano].

San Pío X, ora pro nobis.

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