Religión

Anécdotas sobre los ángeles

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Sábado 4 de octubre de 2025

Por el Padre Ángel Peña

En las florecillas de SAN FRANCISCO se lee que un día se presentó un ángel en la portería del convento para hablar con fray Elías.

Pero la soberbia había hecho al hermano Elías indigno de hablar con el ángel.

En esto volvió del bosque san Francisco y reprendió fuertemente en alta voz al hermano Elías, diciéndole:

– Haces mal, hermano Elías orgulloso, echando de nosotros a los santos ángeles que vienen a enseñarnos. A fe que temo mucho que esa soberbia te haga acabar fuera de esta Orden.

Y así sucedió, como san Francisco se lo había predicho, ya que murió fuera de la Orden.

Aquel mismo día y en la hora en que el ángel se marchó, este mismo ángel se apareció en aquella forma al hermano Bernardo que volvía de Santiago y estaba a la orilla de un gran río y le saludó en su lengua:

– ¡Dios te dé paz, buen hermano!

No salía de su extrañeza el hermano Bernardo al ver la apostura del joven y escuchar el habla de su patria, con el saludo de paz y el semblante festivo.

– ¿De dónde vienes buen joven?, le preguntó.

– Vengo de tal lugar, donde se halla san Francisco. He ido para hablar con él; pero no he podido, porque estaba en el bosque absorto en la contemplación de las cosas divinas. Y no he querido molestarle. En el mismo lugar, están los hermanos Maseo, Gil y Elías.


Luego el ángel dijo al hermano Bernardo:

– ¿Por qué no pasas a la otra parte?

– Tengo miedo, porque veo que hay mucha profundidad

– Pasemos los dos juntos, no tengas miedo, dijo el ángel.

Y tomándolo de la mano, en un abrir y cerrar de ojos, lo puso al otro lado del río.

Entonces, el hermano Bernardo cayó en la cuenta de que era un ángel de Dios y exclamó con gran reverencia y gozo:

– ¡Oh ángel bendito de Dios, dime cuál es tu nombre!


– ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es maravilloso?


Dicho esto desapareció, dejando al hermano Bernardo consolado hasta el punto que hizo todo aquel viaje lleno de alegría


En la vida de SAN FELIPE BENICIO (1233-1285), Prior general de la Orden de los servitas de María, se cuenta que el día 2 de junio de 1259, cuando estaba celebrando su primera misa, todos los presentes, al momento de la elevación, oyeron un canto tan hermoso y sublime que quedaron como fuera de sí de emoción, pues parecía que un coro invisible de ángeles entonaba el Santo, Santo, Santo…

De esta manera, el cielo ratificaba la decisión que habían tomado los superiores de ordenarlo sacerdote, a pesar de las reticencias de algunos por parecer demasiado insignificante, humanamente hablando, para ser sacerdote.


SANTA FRANCISCA ROMANA (1384-1440) veía continuamente a su ángel.

Lo veía a su derecha. Si alguien hacía algo malo en su presencia, Francisca lo veía taparse la cara con las manos.

Despedía una luz tan grande que no lo podía mirar fijamente.

A veces, disminuía su resplandor para que pudiera verlo y Francisca lo miraba con ternura
e, incluso, se atrevía a posar su mano sobre la cabeza de su celestial compañero.


SAN FRANCISCO DE REGIS (1597-1640) tenía mucha devoción a los ángeles y, especialmente, a su ángel custodio, al que le encomendaba todas sus buenas obras para que las presentara ante Dios.

No pasaba nunca junto a una iglesia sin invocar al ángel guardián de la iglesia o de la parroquia y a los ángeles de sus habitantes.

Igualmente, cuando pasaba junto a un cementerio, se encomendaba a los ángeles de todos los difuntos enterrados allí y oraba por ellos, enviándoles su bendición sacerdotal.

Un día, pasaba por una calle, cuando una mano invisible lo detuvo y no podía caminar.

En ese momento, desde la ventana de una casa vecina le pidieron a gritos que subiera, pues había una persona moribunda.

Él subió a la casa y escuchó en confesión al moribundo y le dio los últimos sacramentos.

Él nunca dudó que había sido su ángel quien le había detenido para que pudiera atender a aquel enfermo a bien morir.

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