Deportes

Caer y levantarse

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Lunes 29 de septiembre de 2025

Yo no hablaba. Mis puños hablaban por mí y cuando hablaban… todos escuchaban.”
Rubén “Púas” Olivares

Durante los años 60 y 70, el boxeo mexicano tenía un rey y no era cualquier rey: era un ídolo de barrio, con puños explosivos y carisma natural.

Rubén Olivares nació en Iguala, Guerrero para luego radicar en la Ciudad de México.

De chico vendía periódicos en las calles y a veces se peleaba con los clientes si no le pagaban bien. Ahí empezó todo.

Apenas subió al ring profesional, el público lo amó. No solo ganaba: noqueaba. De hecho, sus primeros 24 combates los ganó por KO. Era como si tuviera dinamita en las manos.

Con apenas 21 años, se convirtió en campeón mundial de peso gallo, derrotando a Lionel Rose.

Su estilo era agresivo, técnico y lleno de orgullo mexicano.

Le llamaban “Púas” por su peinado tipo copete, como de gallo de pelea. Y vaya que era uno.

Tuvo guerras épicas con boxeadores como Chucho Castillo y Alexis Argüello.

Fue campeón en dos divisiones y dejó una marca imborrable en el boxeo mexicano.

Pero como muchos ídolos, fuera del ring libró batallas más duras: el alcohol, la fama, la caída.

Durante años, Rubén vivió momentos oscuros. Llegó a dormir en la calle, a perder todo lo que tenía. Pero nunca perdió el amor del pueblo. Siempre que aparecía, la gente lo saludaba con respeto. “¡Ahí va el Púas!”

Con el tiempo, logró salir adelante. Se convirtió en entrenador, dio charlas, y su historia sirvió como ejemplo de lo que es el corazón de un verdadero campeón: caerse mil veces y volver a levantarse

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