Robin Williams y su capacidad para la risa


Sábado 6 de septiembre de 2025
En el rodaje de «La señora Doubtfire» (1993), Robin Williams entraba al comedor completamente transformado con el disfraz completo de Euphegenia Doubtfire.
La peluca, las pesadas prótesis, el vestido de matrona e incluso las gafas lo hacían irreconocible.
Los miembros del equipo que llevaban semanas trabajando con él aún se quedaban atónitos cuando la anciana niñera pasaba arrastrando los pies con su bandeja de comida.
Los extras susurraban entre sí, preguntándose por qué el estudio había traído a la abuela de alguien para comer con ellos.
Williams nunca se salía del personaje, ajustándose el chal, hablando con un remilgado acento británico e incluso quejándose de la sopa de la cafetería como si hubiera vivido el papel toda su vida.
Colocarse las elaboradas prótesis le llevaba casi cuatro horas diarias, pero Williams convirtió ese reto en una oportunidad.
Recorría el set como la señora Doubtfire entre tomas, presentándose a desconocidos y contando chistes maliciosos que los hacían sonrojar.
Una tarde, se apoyó en su bastón, se acercó a un grupo de electricistas y dijo con la dulce voz de la niñera: «Joven, ¿sería tan amable de arreglarme la tostadora?».
Todo el grupo estalló en carcajadas al darse cuenta de que la broma provenía de la estrella de la película.
Su habilidad para cambiar de voz era parte del caos. Con una sola frase, podía pasar del tono suave de la Sra. Doubtfire a la voz resonante de un sargento instructor o al parloteo rápido de un vendedor de autos usados.
El director Chris Columbus admitió más tarde que algunas escenas tuvieron que refilmarse varias veces porque los miembros del equipo detrás de las cámaras no podían contener la risa.
Incluso los profesionales más experimentados tuvieron dificultades para mantener las cámaras fijas cuando Williams improvisaba diálogos que nunca habían estado en el guion.
Durante un día de rodaje en San Francisco, Williams decidió llevar la actuación al exterior.
Todavía vestido como la Sra. Doubtfire, salió a la calle durante la pausa del almuerzo y comenzó a charlar con los transeúntes desprevenidos.
Un turista preguntó por direcciones y Williams accedió con una sonrisa amable y familiar. Nadie se dio cuenta de que estaban hablando con uno de los comediantes más famosos del mundo.
La broma lo encantó, ya que le dio la rara oportunidad de actuar disfrazado para un público desprevenido.
Sally Field, quien interpretó a Miranda Hillard, recordó lo difícil que era actuar en ciertas escenas sin partirse de risa.
Williams soltaba frases inesperadas, a menudo susurrando algo que solo ella podía oír justo antes de pronunciar el diálogo predefinido.
Admitió que arruinó más de una toma porque no podía parar de reírse de sus payasadas. Pierce Brosnan, quien interpretó a Stu, el pretendiente de Miranda, tuvo un desafío similar.
En una escena junto a la piscina, Williams, vestido como la Sra. Doubtfire, murmuró un insulto taimado que nunca apareció en el guion, lo que provocó que Brosnan se atragantara con su bebida.
Las prótesis también le permitieron a Williams poner a prueba sus límites cómicos de una manera única.
Como nadie lo reconocía bajo la máscara de látex y la peluca, experimentó con las interacciones sociales, evaluando cómo reaccionaba la gente ante la Sra. Doubtfire como una persona distinta de Robin Williams.
Era a la vez un ensayo práctico y una broma constante, que difuminaba los límites entre la actuación y la vida real.
Para Williams, la comedia no se limitaba al guion ni al rodaje. Cada momento ofrecía una oportunidad para la travesura.
Columbus comentó más tarde que editar la película fue un reto, ya que Williams había improvisado tantas variaciones de cada escena que prácticamente tenían material para varias películas.
Desde la escena de la cocina donde la Sra. Doubtfire se prende fuego hasta el baile de la aspiradora, Williams no dejaba de inventar nuevas formas de hacer al personaje hilarante y creíble.
El equipo, exhausto de risa, solía decir que trabajar con él se sentía como una clase magistral de comedia.
Lo que empezó como un disfraz para la historia se convirtió en la herramienta para una de las mejores actuaciones cómicas jamás filmadas.
Robin Williams convirtió una máscara en un patio de recreo, haciendo reír a carcajadas a todos a su alrededor, tanto dentro como fuera de la pantalla.
Robin Williams convirtió cada pausa, cada capa de disfraz, en pura magia de comedia que demostró que la risa podía prosperar incluso bajo el peso de prótesis pesadas y repeticiones interminables.
