Puede ser cualquiera


Miércoles 3 de septiembre de 2025
Fulano, mengano, zutano y perengano realmente no existieron o por menos no hay hecho histórico para que ciertos personajes tengan estos nombres.
Se trata de cuatro formas gramaticales que se utilizan para aludir a alguien del que no se sabe su nombre o no se quiere decir por cualquier motivo.
La palabra fulano proviene del árabe fulān (فلان) que quiere decir “persona cualquiera” y es el más utilizado de los cuatro, siendo el más socorrido a la hora de echar mano de algún ejemplo:
“Ha venido un fulano preguntando por ti” o “Le pondrán una placa conmemorativa que dirá ‘aquí descansa fulano de tal’”.
Del árabe llegó al español y de allí se extendió a toda Hispanoamérica.
Zotano proviene de citano y este, muy posiblemente, de la palabra latina scitānus, que significa “sabido”.
No se sabe bien el porqué se añadió a la coletilla, pero en algunas ocasiones también se coloca en segunda posición, tras fulano.
Mengano también proviene del árabe: man kān, cuyo significado es ‘quien sea’ y suele utilizarse (en la mayoría de ocasiones) en segundo lugar y acompañado de fulano y/o zotano.
Además pueden llevar otros determinantes: “A ese fulano y a ese mengano no los quiero ver por aquí”.
Perengano es una palabra más reciente y la de menos uso de todas ellas.
No se han encontrado raíces en otras palabras antiguas y/o de otros idiomas, lo que hace pensar que puede ser una combinación que se realizó del apellido Pérez con la palabra mengano.
Los cuatro pueden ir en diminutivo (Fulanito, Menganita…) y con apellido (De Tal, De Cual…), por aquello de hacerlos más solemnes.
Estas cuatro palabras también tiene su variante al femenino (Fulana, Mengana, Zotana y Perengana) aunque la primera se suele utilizar para calificar despectivamente a una mujer cuando alguien se quiere referir a ella como prostituta: “finalmente resultó ser una fulana”.
QUIERE DECIR QUE PUEDE SER CUALQUIERA.
