Carta sin sobre para Víctor Cervera


Lunes 18 de agosto de 2025
Usted sabe muy bien don Víctor que yo nunca fui uno de los suyos, como si lo es aún ahora mi padre.
Justamente fue el quien en algún momento me presentó con algunos allegados suyos, a quienes manifestó su intención que formara parte del grupo.
Mi padre recibió una respuesta política, que por supuesto, nunca se tradujo en hechos.
Nunca recibí nada de su parte y si en cambio, vi como varios de los suyos que consideré no lo merecían, recibieron mucho. Quizá por eso, jamás me sentí comprometido y busqué otros destinos.
Pero fui más allá: lo combatí e impulsé la resistencia a su causa. Fue con su fallecimiento, que mi padre me enteró de la última charla que tuvieron, en que usted le reclamó la propaganda opositora y mis artículos.
Se que mi padre alegó que así éramos los hijos y que era yo un espíritu indomable, pese a todo, usted insistió en verme, pero las cosas fueron de otro modo.
Empero, nunca olvidaré la canasta recibida en la ciudad de México y la tarjeta, con ocasión de mi onomástico catorce. La gente de bien, sabemos asumir los compromisos.
Es por ello que me extrañó profundamente encontrarle entre mis sueños. Me devané los sesos preguntándome que pretendería su alma de mi parte.
Usted era mucho mayor, jamás fuimos amigos, habremos cambiado palabra en tres o cuatro ocasiones y de manera apresurada…

¿Qué quería de mí, Víctor Cervera haciéndose presente en mis sueños?, me cuestionaba con insistencia.
Lo único que puede querer un alma, cuando está mas allá de las cosas terrenales, es que le procuren auxilio, me respondí con base en la doctrina de mi fé, seguro Cervera quiere que le transmita el mensaje a mi padre, conjeturé.
Quizá pretenda recordarme, que en lo tocante a él al menos, siempre intentó establecer vínculos. Me prometí de alguna manera ser recíproco y agradecido.
Así lo hice don Víctor, le conté a mi padre lo sucedido y sugerí que pidiera oficiar misas en sufragio de su alma. Tal como sucederá el día de hoy, con motivo de su aniversario luctuoso.
Pero como nosotros los caballeros andantes, cumplimos todas nuestras promesas, menos las de amor, consideré oportuno satisfacer la deuda de afecto contraída con usted.
Bien sabe y le consta lo que he hecho. Es cuanto estaba a mi alcance. Estamos a mano con ello, pero créame que merced a la caridad debida con las almas, siempre que pueda, le tendré pendiente en mis intenciones y pediré misas por su eterno descanso.
El tiempo ha pasado y con ello, me queda claro el impacto y trascendencia de su obra y reconozco su valía y méritos.
Hoy pediré por usted. Vaya un abrazo eterno
Dios, Patria y Libertad
