Khalil Gibrán, con las Alas Rotas


Sábado 26 de julio de 2025
En 1895, un niño de doce años desembarcó en Boston con zapatos desgastados y pronunciando apenas unas palabras en inglés.
Venía desde las montañas del Líbano junto a su madre, dos hermanas y un medio hermano, persiguiendo esperanza, no certezas.
Eran pobres, estaban de luto y no conocían este nuevo mundo.
En la escuela, se burlaban de él por su acento, lo llamaban “lento” y hasta “sucio” por el color de su piel.
Pero sus profesores vieron algo distinto: no era ruidoso, pero sí observador. No hablaba con fluidez, pero dibujaba con el alma y entendía la vida con una madurez asombrosa.
Aprendió inglés… y con ello, formó una voz que el mundo jamás olvidaría.
Su nombre era Kahlil Gibran.
Perdió a su medio hermano, luego a su hermana y finalmente a su madre. Todo en pocos años.
Su hermana menor trabajó en una tienda de ropa para que él pudiera estudiar. Ese sacrificio lo marcó para siempre. Más tarde diría:
“La palabra más hermosa en los labios de la humanidad es ‘Madre’.”
Cuando hablaba del amor, no lo hacía desde la fantasía, sino desde el dolor, la gratitud y la sabiduría ganada a pulso.
En 1923 publicó El Profeta, una colección de ensayos poéticos sobre el amor, la libertad, el gozo y el sufrimiento.
Se convirtió en un fenómeno global, traducido a más de cien idiomas, leído en bodas y funerales, y admirado por líderes mundiales, artistas y millones de almas sensibles.
Desde Elvis Presley hasta John Lennon y JFK encontraron consuelo en sus páginas.
Nunca levantó la voz. Escribió.
Y nos dejó esto:
“Del sufrimiento han surgido las almas más fuertes; los caracteres más poderosos están marcados por cicatrices.”
Hoy, más de un siglo después, sus palabras siguen tocando corazones. Nada mal para un niño al que una vez llamaron “indeseado”.
