Ozzy Osbourne, el cantante condenado por el Papa Ratzinger


Viernes 25 de julio de 2025
Durante décadas, Osbourne fue una de las figuras más oscuras de la escena musical -se le apodaba «el Príncipe de las Tinieblas»-, pero no era un marginal.
Entre su etapa como líder de Black Sabbath (fue despedido por consumo de drogas en 1979) y su carrera en solitario, vendió 100 millones de álbumes y fue incluido en el Salón de la Fama del Rock and Roll en dos ocasiones, una con la banda y otra en solitario.
Famoso por su abuso de sustancias, Osbourne fue, para millones de personas, una puerta de entrada a realidades oscuras.
Mordió la cabeza a un murciélago (en el escenario) y a una paloma, esnifó una fila de hormigas e intentó matar a su esposa Sharon en 1989 mientras estaba drogado.
Aunque se desintoxicó de las drogas y el alcohol, los temas oscuros se mantuvieron y acabaron convirtiéndose en la corriente dominante.
Black Sabbath tocó en el Palacio de Buckingham en el Concierto del Jubileo de Oro de la Reina en 2002.
La banda Black Sabbath impulsó los temas ocultistas, lo que llevó al entonces cardenal Joseph Ratzinger (más tarde Papa Benedicto XVI), a condenar su «influencia satánica subliminal» y a pedir a Osbourne que dejara de realizar «rituales satánicos» en los conciertos, advirtiéndole de que «causaría daño» a su público.
La influencia no era tan subliminal. El grupo tomó su nombre de una película de terror italiana; su primer álbum, Black Sabbath comenzó con el sonido familiar de una campana de iglesia y la sombría línea: «Dejad la Tierra a Satán y a sus esclavos».
A pesar de su abierto abrazo a la oscuridad, críticas señalaron que innumerables fans acudieron a sus himnos:
«Su influencia fue tan amplia que los críticos han llegado a afirmar que canciones concretas -como Electric Funeral, de 1970, y Children of the Grave, de 1971- contribuyeron a formar subgéneros del metal».
El hedonismo y los temas oscuros siempre han sido fundamentales en la escena del rock n’ roll, pero Osbourne y Black Sabbath lo generalizaron y lo llevaron más lejos.
Su primer álbum en directo se titulaba «Live Evil»; uno de los primeros discos en solitario de Osbourne se titulaba «Speak of the Devil» (Habla del demonio).
La banda afirmaba que no abogaba abiertamente por la adoración del diablo, pero a pocos convencía su insistencia.
Grupos ocultistas y satanistas se hicieron fans del grupo. Los miembros de la banda fueron invitados a «misas negras» pero ellos rechararon la invitación.
Esta, irónicamente, era la razón por la que los miembros de la banda llevaban cruces de metal alrededor del cuello: Osbourne lo haría hasta su muerte.
La mascota del grupo era un demonio al que llamaban «Henry, el demonio volador».
«Había una organización de magia negra que quería que tocáramos en un círculo de piedras», el guitarrista Geezer Bulter relató.
«Dijimos que no; -estábamos en cierto modo en contra de Satán, en lugar de promoverlo-, así que supuestamente nos maldijeron. El jefe de las brujas blancas dijo que sabía que nos habían echado una maldición, que lleváramos cruces y que él haría un ritual. Suena todo tan cursi. Por eso empezamos a llevar cruces».
Butler, que creció siendo católico, dijo que su experiencia con la «religión organizada» le despertó la curiosidad.
«Siempre oía hablar de Satanás, así que quise averiguar de qué se trataba», explica. «Así que empecé a leer sobre planos astrales y todo ese tipo de cosas. Cuando tenía cuatro años, sentí una presencia en la habitación y vi un orbe flotando sobre mi cabeza en el que podía ver el futuro y que desapareció en la chimenea. Solía tener esos sueños. … Me despertaba y sucedía al día siguiente.
El cambio de imagen de Osbourne en la edad madura, en la que parecía sobrio, su mujer Sharon relanzó su carrera y se convirtió en el padre bobalicón del reality show de la MTV «Meet the Osbournes», fue bueno para su salud personal pero malo para la cultura.
Black Sabbath y el propio Osbourne se convirtieron en «clásicos», y el tiempo hizo que su música pareciera menos peligrosa.
Ni Osbourne ni la banda tenían idea de con qué tipo de fuerzas estaban jugando, ni de lo que su papel en la introducción de tales fuerzas en la escena musical significaría para los millones de personas que acudían en masa a escuchar sus himnos.
Osbourne ha muerto, pero su oscura influencia sigue viva.
