Opinión

La paz, el gran anhelo mundial

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Martes 24 de junio de 2025

Los afanes expansionistas del sionismo moderno, representados por el estado de Israel y encarnados en Benjamín Netanyahu y el fanatismo islámico iraní, encarnado en el ayatolah Khameini, han llevado a una guerra no declarada, pero real en vías de hecho, entre ambas naciones, que tienen al mundo al borde de la tercera guerra mundial.

Judíos y persas se han dado con todo, mediante bombardeos y misiles y tienen a sus aliados y patrocinadores norteamericanos, rusos y chinos, con el dedo en el gatillo (mejor dicho, con el dedo sobre el botón nuclear).

Y es que los judíos se quejan del programa nuclear desarrollado por los iraníes, diciendo que les resulta ominoso y amenazante, en tanto los descendientes de la antigua Persia juran y perjuran que solo está destinado a usos pacíficos y reviran acusando a los israelitas de blandir amenazantes las armas atómicas que poseen. Total, todo es un verdadero caos, donde unos y otros se acusan mutuamente.

En vía de mientras, las partes se han dado hasta con la cubeta y sus patrocinadores ya se han llevado la mano a la cacha de sus armas, como queriendo pelear.

El problema de este conflicto es el fanatismo de las partes implicadas, toda vez que creemos que Trump y Putin son lo suficientemente sensatos como para no querer embarcarse en un conflicto militar de incalculables consecuencias, cosa que no podemos decir de Judíos e Iraníes, que se ciegan en mérito de su extremismo.

En ese marco, desde el Senado mexicano, una voz mesurada y sensata, se elevó pidiendo diálogo para que pudiera prevalecer el buen juicio y esto nos llevara a la paz y al cese inmediato del conflicto. Fue la voz de nuestro paisano, el senador del verde, Jorge Carlos Ramírez Marín.

Jorge Carlos condenó el conflicto y exhortó a las partes a resolver sus diferencias de manera pacífica, para bien de todos, en especial del mundo. No fue esto un despropósito.

Comencemos por decir que más allá de las consecuencias de una conflagración nuclear, que todo hombre de bien, quisiera evitar personalmente, es el Senado quien dicta, decide y dirige en nuestro país la política exterior.

No en balde esta instancia tiene entre sus facultades ratificar los nombramientos de los embajadores y hacer comparecer anualmente al canciller, para dar cuenta del rumbo de nuestra política exterior.

No decimos que el llamado de Jorge Carlos haya permeado y provocado el alto al fuego, pero no podemos menos que alegrarnos que el Senado haya tomado un asunto de capital importancia para la humanidad en sus pendientes y haya hecho oír su voz.

Nos congratulamos de que el PVEM haya abordado el asunto, que implica el bienestar material y espiritual de todas las naciones y haya aportado su granito de arena. Tal es lo que hace falta que suceda en el concierto internacional: que prevalezcan las ideas y no la violencia, ni el lenguaje de las armas.

Como yucatecos no puede menos que enorgullecernos que haya sido la voz potente, varonil, razonable, conciliadora, sensata, mesurada de nuestro coterráneo Jorge Carlos Ramírez Marín, la que se haya dirigido al mundo, porque no habría otro que tuviera su nivel de erudición, de arrojo y de sentido común para convertirse en interlocutor de los factores del poder mundial.

¿Que otro senador habría podido hacerlo? ¿Un dipsómano radical como Fernández Noroña, un ígnaro como Salgado Macedonio?, ¿un lamesuelas como Mauricio Vila, una rijosa como Lily Téllez, un oportunista como Rolando Zapata, un entreguista como Alejandro Moreno, un senil Dante Delgado, una infulosa Patricia Mercado? Ninguno de ellos tiene el nivel intelectual de Jorge Carlos, les guste o no a sus porristas y paniaguados.

El cese al fuego y los acuerdos de paz, son temas de capacidad parlamentaria, de nivel intelectual, de entendimiento de los entretelones de la diplomacia, del desarrollo del complejo proceso de las negociaciones, el diálogo y los acuerdos.

Por lo visto nuestro paisano interpretó perfecto las señales que al respecto mandaron en el manejo de la crisis los grandes líderes Donald Trump y Vladimir Putin y anticipó lo que era de sentido común suponer: el llamado a la conciliación y a la resolución pacífica de las controversias.

Hacemos votos porque el esfuerzo de paz prospere para bien del mundo y de las partes en conflicto.

Deseamos que haya paz en la tierra para todos los hombres de buena voluntad, que con sus actos y hechos, propicien que la paz, el diálogo y los acuerdos prevalezcan sobre las ambiciones malsanas y los conflictos, para beneficio del mundo y gloria de Dios en los cielos.

Seguimos pendientes….

Dios, Patria y Libertad

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