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Pedro Infante y Alma Reed

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Jueves 19 de junio de 2025

¿Sabías que la noche anterior a su trágico accidente, Pedro Infante se presentó en una fiesta privada en honor de la legendaria periodista Alma Reed?

El domingo 14 de abril de 1957, el empresario Miguel Joaquín visitó a Pedro Infante en su casa de Mérida, ubicada en la calle Itzaes número 587.

Fue a invitarlo personalmente a una presentación privada en su residencia de Cozumel, Quintana Roo, con motivo de una celebración en honor a la escritora y periodista Alma Reed, reconocida por su vínculo con la cultura yucateca y su labor como promotora internacional del arte mexicano.

Le explicó que, debido a las conexiones internacionales de la homenajeada, aquella velada podría representar una gran oportunidad para proyectar aún más la carrera del cantante más allá de las fronteras mexicanas.

Pedro aceptó con gusto, no sólo por el valor simbólico del evento, sino también por la estrecha amistad que mantenía con los hermanos Aurelio y Miguel Joaquín.

Esa misma noche, el ídolo llegó temprano a la reunión. El ambiente era elegante y musicalmente refinado: amenizaba la velada un grupo de jazz proveniente de la Universidad de Tulane.

Poco después, Pedro tomó su lugar acompañado del trío Los Tecolotes y dedicó a Alma Reed algunas canciones de su amplio repertorio.

Como era de esperarse, cerró su actuación con Peregrina, el tema favorito de la homenajeada.

Peregrina es una de las joyas de la trova yucateca. La letra fue escrita por el poeta Luis Rosado Vega y musicalizada por el compositor Ricardo Palmerín.

La canción fue inspirada en la historia de amor entre Alma Reed y el entonces gobernador de Yucatán, Felipe Carrillo Puerto, quien perdió la vida de manera trágica en 1924.

Al terminar su interpretación, Pedro Infante recibió una ovación cálida y entusiasta.

Entre los asistentes se encontraban personalidades como Alan McLin Jr., el escultor Rómulo Rozo, Manuel Cirerol, Felipe Escalante Marín y los matrimonios Ibarra y Charruf Farjat.

Pero los aplausos que más lo conmovieron fueron los de la propia Alma Reed, quien le sonrió agradecida, visiblemente emocionada por el homenaje musical.

Fiel a su costumbre de no desvelarse y consciente de que tenía compromisos al día siguiente, Pedro se despidió temprano esa misma noche y abordó su avión rumbo a Mérida.

Al día siguiente, lunes 15 de abril de 1957, comenzaba la Semana Santa. Sin embargo, ese mismo día, el país entero se conmocionó al conocer la noticia del fatal accidente aéreo en el que perdió la vida el ídolo más querido de México.

La interpretación de Peregrina, aquella noche en honor a Alma Reed, quedaría registrada como la última actuación de Pedro Infante. Un gesto que, sin saberlo, cerró con dignidad, sensibilidad y emoción la carrera de una de las figuras más entrañables de la cultura mexicana.

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