Opinión

No ofendamos a nuestra ciudad

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Lunes 9 de junio de 2025

Recientemente estuvimos por el centro de la ciudad y la impresión fue tremenda. Lo mejor que puedo decir es que la plaza grande está horrible y que debiéramos pensar muy seriamente en fincar responsabilidades legales a Mauricio Vila no tanto por el dinero desperdiciado, sino por el adefesio en que convirtió el corazón de nuestra muy noble y muy leal ciudad.

Nos preguntamos como es que un ciudadano común pasa las de Caín para pintar o reparar la fachada de su propiedad y Mauricio Vila con la mano en la cintura, por capricho, sin ninguna necesidad destruyó la imagen pública de una urbe con valor histórico, sin que ninguna autoridad pusiera freno a su sin razón.

¿Donde estaba el INAH? solo Dios lo sabe, pero brilló por su ausencia y no apareció cuando se le necesitaba, muy al estilo de ciertas esferas de gobierno.

Al caminar sobre la calle 60 pudimos percatarnos que las calles están tapizadas de unas cosas negras espantosas, que nos preguntamos para que demonios sirven, cuestionamos a policías municipales y nos dijeron que esos mamotretos se llaman bolardas y sirven para impedir que la gente se estacione y delimitar el periodo peatonal..

Comencemos por decir que nadie podía estacionarse sobre la calle 60 y que además la instalación de los horripilantes objetos, es absolutamente inútil, antiestética y absurda, que reduce el espacio destinado a la circulación vesicular en una arteria, que realmente era bastante cómoda para conducir y que gracias al genio de quien sabe que cerebrito, ha convertido una vialidad espaciosa, en un camino estrecho e incómodo.

Ojalá y no se presente nunca alguna emergencia que amerite la presencia masiva de unidades de rescate y ambulancias, porque gracias a la estupidez de alguien sin sentido común, ni visión (ya no digamos buen gusto), pudiera propiciarse una tragedia.

Estas estructuras fueron instaladas a capricho de los gobernantes anteriores. Cuando eso sucedió, las autoridades de todo nivel hicieron caso omiso de las voces de la ciudadanía que reprobaron su proceder. Sería deseable que ahora, los habitantes de Mérida pudiéramos ser tomados en cuenta, respecto de una obra tan costosa como inútil.

Podemos concebir que estos atentados contra la estética y la imagen de nuestra ciudad hayan encontrado cabida en la mente y la imaginación de alguien que por no ser nacido en nuestras tierras, no tuviera una pizca de pudor por la magnitud de la ofensa a cometer, pero no es posible creer que ahora que gobiernan figuras que son epítomes de la yucatanidad, no puedan poner remedio a lo acaecido.

Hacemos un llamado a nuestras autoridades a la sensatez, a pensar en la comodidad y conveniencia de los meridanos y a remediar lo que no puede ser catalogado como la evidencia material del hambre desaforada por hacer bisnes, para devolvernos nuestra ciudad con su rostro y apariencia, lo más cercanos posibles a su estado original.

Recordemos que vivimos en Mérida, Yucatán y no en Cuernavaca, ni en Dinamarca y que el clima que impera en estos lares no se presta a utilizar la bicicleta como medio habitual de transporte.

El ciclismo debe entenderse en nuestra tierra como una actividad recreativa y de integración familiar y no como un medio de transporte susceptible de recomendarse masivamente, pues nuestras condiciones climatológicas no lo hacen factible (quisiera ver en que condiciones llega a su destino alguien que entre 11 y 5 de la tarde use la bicicleta para trasladarse más de cuatro o cinco esquinas).

Que prevalezcan pues el amor a Mérida, la sensatez y el sentido común y alguien por amor de Dios, mande retirar esos espantosos bolardos que ofenden la vista de peatones y conductores que transitan por el centro de nuestra ciudad.

Si amamos Mérida, mostrémosle respeto.

Seguimos pendientes…

Dios, Patria y Libertad

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